En la primera quincena de agosto la inflación en México alcanzó un nuevo récord; llegó a 8.62% a tasa anual, una variación por arriba de lo que se esperaba por los analistas y con pronósticos de tocar el 9% durante la primer quincena de septiembre. Tan solo la canasta básica y las carnes de todo tipo han aumentado de un 15 a un 35% respectivamente.
Sin embargo es necesario saber que la inflación en nuestro país se divide en dos grandes categorías: la subyacente y la no subyacente, donde la gran diferencia entre ellas radica en la naturaleza de los bienes y servicios que la componen y que son monitoreados.
El componente no subyacente se integra por bienes y servicios cuyos precios no responden directamente a condiciones de mercado oferta o demanda, sino que se ven altamente influenciados por condiciones externas como el clima o fenómenos naturales, la logística de envió o por las regulaciones del propio gobierno mexicano y son muy volátiles y difícil de meterle mano. Entonces aquí encontramos frutas, verduras, productos agropecuarios y en los energéticos el gas natural, electricidad, gasolina de alto octanaje y gasolina de bajo octanaje.
Durante la primera quincena de agosto de 2022 la no subyacente se ubicó en 10.59 por ciento a tasa anual, un nivel no visto desde la segunda quincena de diciembre, particularmente los productos agropecuarios subieron hasta un 14.50 por ciento, mientras que la de los de los energéticos y tarifas autorizadas por el Gobierno se ubicó en un aumento del 7.48 por ciento, esto respecto al mismo periodo del año pasado. Cabe señalar que el gas doméstico y la electricidad han empujado este indicador con aumento del 35.15 y 10.14 por ciento respectivamente en lo que va del año.
Debemos de estar atentos a este indicador que de alguna manera también nos da a conocer parte de la carestía y no olvidar que una gran parte de la inflación es importada porque los factores que continúan presionando al INPC (Índice Nacional de Precios al Consumidor) están relacionados con la escasez de materias primas, alteraciones en las cadenas globales de suministro, tropiezos en el comercio internacional y el interminable conflicto de Rusia y Ucrania.






