Éste fin de semana una noticia dio la vuelta al mundo: Martha Sepúlveda, mujer colombiana de 51 años, se convertiría en la primer persona en recibir la eutanasia sin encontrarse en etapa terminal de su enfermedad.
Corrió tan rápido y generó tantas reacciones que tuvieron que frenar el procedimiento. El sábado por la tarde se dio a conocer que el Comité del Instituto Colombiano del Dolor canceló su decisión. Este domingo a las siete de la mañana, Martha debía dejar este plano, pero no fue así.
En las entrevistas que se le han realizado no se ve como una mujer enferma; sonríe, toma cerveza con su hijo, lo abraza, se cuentan chistes… Contrario a lo que pensaríamos, o lo que nuestra moral nos permite pensar, Martha está tranquila con su decisión, incluso feliz. Dice que es católica y que justamente el pensar en un Dios padre amoroso, la hace sentirse respaldada por Él. «Ningún padre quisiera ver a su hijo sufrir así».
Martha padece esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que no afecta ninguno de los sentidos, pero sí el movimiento, las afectaciones van desde dejar de mover los brazos, las piernas, hasta hacer imposible el comer, tragar y sostener la cabeza debido a la debilidad de los músculos del cuello.
Decir que «sólo Dios puede decidir quitarle la vida (y quitarle el sufrimiento)» nos puede hacer más religiosos, pero no más humanos.
En México la eutanasia no es legal, sólo la Ley de Voluntad Anticipada, la cual da la opción a pacientes de negarse a tratamientos que ya no requieren y que sólo alargan su vida y su sufrimiento. Eutanasia en sí, únicamente es legal en siete países: Bélgica, Luxemburgo, Colombia, Canadá, Nueva Zelanda, España y Países Bajos.
La decisión de Martha, por más dura que pueda parecerle al mundo, le ha dado la tranquilidad que un diagnóstico le quitó hace años. Aún con las dificultades emocionales que comprende su decisión, tiene una familia que la apoya y respalda. Sin embargo el hacer mediático su caso, el darle pie a que personas de todo el mundo (que ni siquiera saben en qué consiste la ELA) opinen, ha terminado con su último deseo: irse de esta vida, aún amando, aún contenta, aún completa, aún en paz, dirán lo que quieran pero no conozco algo más cercano a la muerte digna.






