Al interior de Morena hay un grupo lagunero que pretende quedarse con el control de su fracción en el Congreso estatal y comenzar con la reestructura en la dirigencia del partido del presidente López Obrador, todavía noqueado por la mancuerna Riquelme-Jimenez.

La cabeza visible es Antonio Attolini, quien trata de tumbar la equidad de género y entrar como diputado plurinominal.

La cabeza no visible es Luis Fernando Salazar, quien enfoca las baterías al control de la dirigencia estatal morenista, para lograr la candidatura a alcalde de Torreón en la próxima elección del 2 de junio.

La elección donde se elegirá presidente de la República, 38 alcaldes, ocho diputados federales y dos senadores.

El movimiento es claro y busca Attolini desplazar a una mujer -en tiempos de equidad de género, imposible- y disputarle a Alberto Hurtado el liderazgo morenista.

Mala decisión y difícilmente lo logrará ese grupo lagunero caracterizado por boicotearle los eventos al senador Guadiana.

Boicotearlos desde que Guadiana no le dio la coordinación de su campaña a Luis Fernando Salazar.

Desde ese momento su grupo se concentró en promocionar a Luis Fernando Salazar en Torreón y a darle un apoyo leve a su candidata en Acuña, Paloma de los Santos.

Una vez que perdió Guadiana de manera abrumadora, salió a relucir el verdadero interés de colocar a Antonio Attolini en el Congreso estatal y redoblar, ya desde ahora, las acciones en Torreón.

Pero ahora a Luis Fernando Salazar le disputan la candidatura a la alcaldía los expriistas Shamir Fernández y Jorge Luis Morán.

Lo anterior bajo la realidad de que quien hizo más y mejor trabajo electoral, tiene más posibilidades de ser candidato en Torreón.

Y en el Congreso estatal Attolini tendrá la misma fórmula, desde el momento en que trata de pelearle el liderazgo, si es que llega, a Alberto Hurtado, el joven político que se ha ganado la confianza de los morenistas en base al trabajo y no a la grilla desesperada y de último momento