Hace unos seis años, el principal adversario del PRI era el PAN y hoy todo cambió. El enemigo de ambos es Morena, y ante esa realidad alejada de la ficción, se vislumbra desde ahora, la posible alianza, PRI-PAN-PRD, para retener la gubernatura.
El PRI ya demostró su fuerza al recobrar Torreón, y mantener Saltillo; los polos electorales más fuertes. También, ganó cinco de siete diputados federales.
El PRD poco sirvió, pero al final de los votos, le ganaron a Morena.
La contienda que viene es presidencial y Morena quiere ganar el único Estado por donde respira el PRI; Coahuila, y a la altura de la pelea no está el PAN que pasó a ser la tercera fuerza política. Por eso, al PRI le importa que su ex adversario salga de la mediocridad y tenga nivel para consolidar la alianza y vencer al candidato de Morena.
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La reestructuración panista apunta hacia Marcelo Torres Cofiño en la dirigencia estatal, para terminar con los pésimos resultados de Jesús de León. Marcelo ya fue dirigente nacional y su derrota por la alcaldía de Torreón, le aporta más madurez. Sus activos como conciliador, podrían unir al panismo que hoy está más dividido que nunca, por el pleito entre los grupos de Saltillo, Torreón y Monclova.
El PAN, si quiere competir, es el obligado a mejorar y estar a la altura de un PRI de Coahuila, que da muestra de su adaptación a los nuevos tiempos, que marca su peor pesadilla, llamada Andrés Manuel López Obrador, traducido como Morena.






