Debe ser sumamente complejo destacar con el apellido de uno de los cineastas más transgresores de todos los tiempos a tus espaldas, pero Brandon Cronenberg ha sabido demostrar que nos solo aprendió de su padre, sino que está en el mundo del celuloide para proponer sus propios paradigmas que encuentren puntos de interés en el público.

Así llegamos a Infinity Pool (Muerte Infinita), tercer largometraje del cineasta canadiense que busca entablar una interesante discusión entre el entretenimiento y los derechos a los que acceden las altas esferas de la sociedad y la manera en la que podemos cuestionar nuestra realidad al encontrar una disonancia que cambie todas las reglas de nuestra vida.

La cinta nos cuenta la historia de James y Em Foster, una pareja que decide vacacionar en un lujoso resort en un lugar lejano y conoces a Gabi y Alban, un matrimonio que los invita a pasar tiempo con ellos en la playa. Tras un terrible accidente, James se ve envuelto en problemas legales, pero las normas del país le presentan una salida inimaginable a cambio de una gran cantidad de dinero; nuestro protagonista encontrará gusto en reincidir en las acciones que lo llevaron a ser arrestado, ya que sabe que las consecuencias no aplican en él.

Más allá de una historia de ciencia ficción, el guion encara el camino moral que nuestro personaje principal encara al saber que, sin importar lo que haga, los castigos a los que podría ser sometido no son aplicables en él, lo que genera una caída en picada a la locura y lo lleva a dejar de ser quien es para adoptar una nueva psique.

El argumento contempla una discusión directa con el espectador y trata de generar un discurso en el que entendemos que solamente las clases más adineradas acceden a privilegios a los cuales el resto del mundo jamás tendrá acceso; las leyes solo son aplicadas a quienes no pueden pagar por saltarlas.

Pese a lo complejo que puede parecer la trama, las acciones más inverosímiles son abordadas con un realismo que genera un empate entre la audiencia y comenzamos a pensar que todo esto podría ser real en algún momento, muy al estilo de un capítulo de la serie Black Mirror, pero con un toque ligero de gore y sangre que no precisamente parece estar del todo justificado.

Desde las primeras tomas, la cinta nos adentra con una toma holandesa que se retuerce tanto como la misma historia, pero a la par de ella no busca tener un sentido completamente entendible, lo que podría parecer un error dentro de la unidad argumental de la producción y si no estás muy familiarizado con cintas como Memento, Enemy o Irreversible (que no es que se parezcan), lo más seguro es que no entres en la convención que se presenta.

La fotografía de Karim Hussain, quien ya había trabajado con Brandon Cronenberg en Possessor, inquieta con la cercanía a las acciones de nuestros personajes, sobre todo en aquellas escenas en las que explícitamente vemos violencia gráfica, lo que resulta en un morbo por querer ver más, pero al mimo nos hace pensar que no están del todo justificadas una gran parte de las secuencias y todo es un espectáculo un tanto “espanta tontos”, aunque ese sentimiento queda de lado cuando el guion de nueva cuenta nos logra cuestionar si nosotros tomaríamos las mismas decisiones o si es que acaso ya las tomamos alguna vez.

El agregado de la música de Tim Hecker acompaña el horror, por decirlo de alguna manera, que nos muestran en pantalla; sonidos lúgubres que parecen sacados de una pesadilla y en momentos nos hace pensar que estamos ante una cinta de terror clásica, pero con un toque de distancia lo suficientemente fuerte como para ser un tanto incómoda, en el buen sentido de la palabra. 
Las actuaciones de Mia Goth, Alexander Skarsgard, Cleopatra Coleman y Jalil Lespert concretan un trabajo en algunas partes un tanto inexpresivo conforme avanza la cinta, lo que no es necesariamente un error, ya que los personajes se desenvuelven en un primero momento dentro de la incredulidad y van mutando hacia la maldad de una forma enfermiza, pero muy bien ejecutada.

Ininity Pool es de esas cintas que podrías pensar que plantea una situación exagerada, como lo es la clonación de personas para pagar por los crímenes de sus originales, pero en el fondo en verdad ofrece una crítica bastante híspida a las esferas de poder más altas y como acceden a privilegios, a la par de hablar sobre el cuestionarse a sí mismo, pensando que estuviese en una situación similar, y como reaccionaríamos ante ello.

Para ser el tercer trabajo del hijo de David Cronenberg, la propuesta de la cinta es bastante concreta, pero sin duda, al igual que su padre, este largometraje terminará siendo más alabado en círculos de cine un poco más especializados y no tan comerciales, lo que nos hace sentir que la manzana no cayó tan lejos del árbol y el futuro del director vislumbra un futuro bastante prometedor.

Si lo tuyo son series como Black Mirror o te gustan cintas como 12 Monos, La Langosta o la filmografía de Nicolas Winding Refn, sin duda esta cinta te parecerá una de las mejores que has visto en el primer trimestre del año, pero si no estás familiarizado con el cine de los Cronenberg, tal vez lo mejor sea que la veas en otro momento, o de plano que busques la versión censurada, pero es una imperdible para este 2023.

Calificación: 8.2