Hablar de Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa, es atractivo, a todos nos gusta la función legislativa; pero hablar del razonamiento, de sus herramientas, del debate, de la persuación, del cabildeo y de las posturas políticas, no es tan sencillo. Ahí se encuentra el equilibrio fino de la función legislativa, porque ser ciudadano no es solo exigir, es también construir.
En el estudio del Derecho Parlamentario, no basta memorizar artículos o entender los conceptos; el reto es bajar los conocimientos al terreno de los hechos, a la vida real. ¿Qué significa, por ejemplo, la igualdad en un entorno universitario?, ¿la vivimos?, ¿la usamos solo como teoría en clase?. ¿Qué significa la libertad de expresión?, ¿La defendemos cuando alguien piensa distinto, o solo cuando coincide con nosotros?.
¿Qué significa el acceso a la justicia?, ¿Lo vemos como algo lejano o entendemos que empieza desde las decisiones cotidianas?. Estas preguntas nos obligan a ser congruentes y la congruencia, en el derecho parlamentario, lo es todo.
La 6ª edición del Simulador de Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa, la semana pasada, en la ciudad de Puebla, sirvió para practicar la argumentación como una guía que se pone a prueba en lo cotidiano. La ciudadanía no se construye en abstracto, se construye en acciones pequeñas, repetidas y constantes. En respetar turnos, en escuchar sin interrumpir, en debatir sin descalificar, en participar y en involucrarse; es básico y es fundamental.
Muchas veces, lo que falta al país, es una cultura cívica, un sentido de responsabilidad compartida que haga que todo funcione. Ahí es donde la universidad tiene una oportunidad, porque es una etapa formativa, donde se puede cuestionar, cambiar, mejorar; donde hay margen para equivocarse y para aprender.
El “Semillero de Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa”, que preside la estudiante de la Facultad de Jurisprudencia Fatima Campos, tiene todo para ser un ejemplo, de como vivir la riqueza de la democracia; ser un espacio donde se ejercite la argumentación y donde se respire la legalidad, el respeto y la participación. Donde la ciudadanía no se delegue, se ejerza con responsabilidad.
La 6ª edición del simulador, fue buena excusa para cuestionarse, ¿qué tipo de legisladores desean ser?, no en teoría, sino en la práctica. ¿Estan construyendo comunidad o estan solo coexistiendo?, ¿Estan sumando o restando?, ¿Estan siendo parte del problema o parte de la solución?. No hay respuestas perfectas, pero el hecho de preguntarlo, cambia las cosas en las nuevas generaciones.
El Derecho Parlamentario, no es solo normas jurídicas, es una forma de convivir, y la legislatura, no es solo un poder, es un formato político y jurídico sobre cómo queremos construir la sociedad. La tarea sustantiva del Poder Legislativo es crear, modificar, derogar y abrogar leyes generales y abstractas por un procedimiento.
Las leyes empiezan en una conversación donde nace el debate legislativo como una escuela real de criterio. Forma carácter, pensamiento y voz. Las leyes se construyen entre personas y donde hay personas, hay diferencias: Hay ideas, intereses y formas distintas de ver el mundo, eso no es un problema, es parte del proceso y el diálogo y el aprendizaje son clave. La sociedad cambia, los problemas cambian, y las leyes tienen que cambiar también.
El proceso legislativo no empieza en el Congreso, empieza antes, en las ideas, discusiones, en los espacios donde se forman los criterios. La reflexión es simple:
No hay que esperar a “tener poder”, para empezar a incidir. El primer paso no es un cargo, es construir una postura personal.






