En aquellos tiempos, unos 20 años, eran los semanaristas, hoy con la generosidad de las redes sociales, se dicen periodistas. No me quiero apropiar de la profesión de reportero por haber iniciado desde la guardia de un periódico, solo pretendo poner las cosas en su justa dimensión.
Los seminaristas pegaban los boletines oficiales, se inventaban un nombre y cobraban facturas, no hacían periodismo noticioso, menos de investigación. Así, un ingenioso sujeto, tenía cinco semanarios con diferentes títulos y los mismos boletines oficiales.
Títulos como: ‘El vigilante informativo’, ‘A tiempo con las noticias’, entre otros . Solo iban por los boletines y los imprimían; eran usados por funcionarios públicos, para destacar a tal o cual amigo.
Se extinguieron. Ahora son periodistas en redes sociales. Golpean funcionarios, con inventos, y ganan mucho dinero alquilados por otros que, por el momento se sientes poderosos y hacen travesuras.
Esos periodistas de redes no saben escribir, menos tienen la disciplina del oficio, pero vaya que le sacan dinero a la difamación no testimoniada.
Estarán vigentes mientras haya quien los alquile, o se irán a hacer otras travesuras cuando los dejen de utilizar.
¿Pero, quién utiliza a quién? Esa es la incógnita que ofende al verdadero periodista, el que se preparó y escaló el oficio desde abajo, ese que tiene cimientos duros que nunca se quiebran. Los que se dicen periodistas en redes sociales son oportunistas y escriben hábito, con ‘v’ chica y sin ‘h’.






