Culiacán.- La ola de violencia en Sinaloa cobró otra víctima este domingo, con el asesinato de Juan Ramón Alfaro Gaxiola, exsecretario de Seguridad Pública de Mazatlán, quien se convirtió en el segundo exjefe policiaco del puerto ultimado en las últimas dos semanas.
El atentado ocurrió la noche del domingo en la colonia Hacienda de Urías, cuando hombres armados dispararon contra Alfaro Gaxiola frente a su domicilio. Gravemente herido, fue trasladado por cuerpos de auxilio a un hospital, escoltados por elementos del Ejército y la Policía Municipal. A pesar de los esfuerzos médicos, Alfaro Gaxiola falleció poco después de ingresar.
El exjefe policiaco había ocupado el cargo de Secretario de Seguridad Pública de Mazatlán durante el primer trienio del alcalde Luis Guillermo Benítez Torres. En junio de 2022, el cabildo aprobó su jubilación tras casi dos años en el puesto.
La institución médica donde fue atendido fue resguardada por fuerzas federales y municipales, mientras que la Fiscalía General del Estado inició las investigaciones correspondientes.
El pasado 10 de noviembre, Simón Malpica Hernández, también exsecretario de Seguridad Pública de Mazatlán, fue atacado a balazos en la colonia Benito Juárez, frente a un parque deportivo. Gravemente herido, murió poco después de ser ingresado a un hospital.
Malpica Hernández había sucedido a Alfaro Gaxiola en el cargo y, tras su jubilación, ocupó un puesto administrativo en el ayuntamiento del puerto.
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La violencia no se limita a Mazatlán. El pasado viernes, Benjamín Villarreal Guerrero, exsubdirector de Seguridad Pública de Culiacán, fue asesinado a tiros en un restaurante del fraccionamiento Montebello, en la capital del estado. Villarreal Guerrero, quien gozaba de un permiso sin goce de sueldo, había dejado el cargo de subdirector en octubre y planeaba viajar a la Ciudad de México el 1 de diciembre para someterse a exámenes de control de confianza en la Guardia Nacional.
Estos asesinatos resaltan la creciente inseguridad en Sinaloa y los riesgos que enfrentan tanto exfuncionarios de seguridad como agentes activos. Las autoridades aún no han determinado los móviles detrás de los ataques, pero los hechos subrayan la vulnerabilidad de quienes han ocupado cargos en las fuerzas de seguridad en la región.







