México enfrenta un proceso acelerado de envejecimiento poblacional que redefine las necesidades sociales y económicas del país. Las residencias para adultos mayores emergen como una respuesta necesaria, pero aún insuficiente, ante esta transformación. De acuerdo con el INEGI (2023), más de 15 millones de personas en México tienen 60 años o más, lo que representa aproximadamente el 12% de la población. Este grupo crecerá 
significativamente en las próximas décadas, alcanzando más del 30% hacia 2055 (CONAPO, 2022). Sin embargo, la cobertura de servicios residenciales es inferior al 2%, lo que evidencia una brecha crítica entre demanda y oferta.

El sistema actual se encuentra desbalanceado: el gasto público se concentra en transferencias económicas, mientras que la infraestructura de cuidados es prácticamente inexistente (CONEVAL, 2023). Esto obliga a cuestionar quién debe financiar este sistema.
Pensar que el Estado puede asumir completamente el costo es una simplificación peligrosa. El gasto público ya está comprometido en pensiones y programas sociales. Pretender que la familia absorba toda la carga ignora la realidad laboral actual. Y dejarlo al mercado sin regulación genera riesgos evidentes de abuso. La única opción viable es un modelo mixto. El Estado debe financiar la base del sistema: regulación, supervisión, capacitación y subsidios focalizados. El mercado debe encargarse de la operación e innovación del servicio. La familia, por su parte, debe participar en el financiamiento de acuerdo con su capacidad económica.

Para que este modelo funcione, es indispensable diseñar incentivos claros. A nivel federal, se deben establecer deducciones fiscales para usuarios y proveedores de servicios geriátricos. A nivel estatal, se pueden crear fondos de coinversión par infraestructura. A nivel  municipal, se deben simplificar permisos y generar zonas de desarrollo para vivienda asistida. Además, se requiere una regulación estricta que incluya certificación obligatoria, estándar mínimos de calidad y supervisión constante. Sin esto, el crecimiento del sector puede derivar en servicios deficientes.
¿Cómo estimular este servicio? El principal obstáculo es cultural y económico. Muchas familias aún perciben estas residencias como abandono. Para cambiar esto, se debe 
promover una narrativa de cuidado profesional y bienestar.

Desde el punto de vista económico, es necesario crear esquemas de financiamiento accesibles, como seguros de cuidados a largo plazo créditos especializados. También es fundamental integrar estos servicios con el sistema de salud pública. Las residencias no solo benefician al adulto mayor, sino también a su familia. Permiten que los miembros en edad productiva mantengan sus empleos, reducen la carga emocional del cuidado y mejoran la calidad de vida de todos los involucrados.

En Saltillo, tenemos ya servicios que ofrecen esta atención, y es el caso de la Asociación Civil Residencia Geriátrica La Paz, quienes cuentan con una infraestructura material y humana, que   reciben a personas mayores de edad, a quienes les brindan servicios como; estancias en espacios confortables y adaptados. Atención continua 24/7, supervisión de salud y control de medicamentos, alimentación balanceada con enfoque nutricional, programas de estimulación cognitiva, actividades recreativas y de integración social, asistencia en higiene, movilidad, acompañamiento emocional cercana comunicación constante con sus familiares, , flexibilidad en los encuentros familiares incluso salidas de los huéspedes con familiares garantizando libertad de los mismos y plena accesibilidad, personal de reacción en temas de urgencias de salud y protocolos muy definidos en la atención. Por eso es prioritario se establezcan Gobernanzas con visión que promuevan este tipo de asistencia con perfil social.

El crecimiento de este sector es inevitable, pero su desarrollo desordenado puede generar más problemas que soluciones. Saltillo debe tomar decisiones estructurales ahora. No hacerlo implicará enfrentar una crisis de cuidados en las próximas décadas.

Fortalecer los servicios de atención a los adultos mayores no sólo es una muestra de humanismo, sino también es dar calidad de vida en esta etapa.