En claro apoyo a un gobierno populista y corrupto, similar al de él, Andrés Manuel López Obrador le abrió tres veces las puertas a Nicolás Maduro, hoy detenido en Nueva York, acusado, de inicio, de terrorismo.
Esa cercanía entre dictadores mesiánicos llevó a AMLO a criticar la detención de Maduro y a no enviarle un abrazo a Donald Trump, como si ese mensaje le doliera tanto al presidente de Estados Unidos.
El primero de diciembre de 2018, AMLO invitó a Maduro a su toma de protesta, y por ese desplante no acudió el entonces presidente estadounidense Joe Biden.
Luego Maduro volvió a venir el 17 de septiembre de 2021 y el 22 de octubre de 2023 para participar en reuniones diplomáticas.
Hoy, junto a sus morenos, pone el grito en el cielo por su detención, pero callan por los 14 muertos en el descarrilamiento del Tren Interoceánico.
Tampoco AMLO y su partido político ponen el grito en el cielo por la inseguridad y los asesinatos de sus adversarios políticos como el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.
Menos aún sale Morena a pedir cárcel contra Adán Augusto López por su relación con el crimen organizado de La Barredora en Tabasco, o la inseguridad en estados gobernados por morenistas como Tamaulipas, Michoacán, Guerrero, Veracruz y Tabasco, entre otros.
Pero eso sí, Morena condena la detención del dictador Nicolás Maduro, quien durante casi 13 años reprimió a los venezolanos y llevó a ese país a la pobreza, mientras se enriquecía.
Andrés Manuel López Obrador y su partido político muestran su verdadera cara populista y proclive al socialismo.
Y lo más peligroso:
Establece su postura de no respeto y apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum en su nueva estrategia contra los cárteles del narcotráfico, al ignorar la advertencia de los Estados Unidos con la frase de Trump: los cárteles gobiernan México, en clara alusión hacia el mismo AMLO.






