El obispo Hilario González lanzó una plataforma para que denunciemos los casos de curas que se valen de la imagen de Jesucristo para cometer abusos sexuales horrendos a niños, niñas, jóvenes y a jovencitas.
Sin duda, el objetivo es bueno, aún y cuando, en la realidad, el tema importante pasa no solo por la denuncia, sino por la prevención y más, por la sanción.
La denuncia es importante, vital, para que la sociedad encuentre el camino de no verse sorprendida por sujetos que, por la imagen de Dios en la tierra y de la fe hacia el cristianismo religioso, son protegidos a veces por los propios padres de los hijos e hijas abusados, bajo el amparo de que son personajes que merecen el perdón y el llamamiento a la esperanza de la reinvindicación.
La parte preventiva debe ser responsabilidad directa de las Iglesias al realizar todo tipo de exámenes a sus pretendidos sacerdotes, para detectar a tiempo desviaciones sexuales y mentales que quebranten su trabajo religioso.
Pero donde sí, hay una oscuridad que termina en el infierno, es en la parte de la sanción.
¿Cuántos sacerdotes conoce que han cometido abusos sexuales y son protegidos por sus superiores? obispos incluso, que los protegen al enviarlos a lugares específicos como la casa del retiro en Arteaga, donde les dan el tiempo suficiente para que aseguren que están arrepentidos de sus pecados.
Por supuesto que eso no sucede en la mayoría de los casos, y luego te enteras que esos sacerdotes ya están al frente de otras parroquias en otros estados del país y los abusos sexuales siguen.
El delito debe castigarse con quitarles la imagen de Dios y valorarlos como cualquier ser humano que comete actos sexuales y deja huellas imborrables en sus víctimas.
A eso se le llama cárcel, y evadirla no solo representa la burla de las Iglesias, preferentemente la católica, contra sus propios feligreses, sino que lastima a una sociedad que ve en la impunidad, la más alta carencia social en todos los niveles de Gobierno y reflejada también, en la fe de un Dios agraviado por hombres transformados envueltos en una sotana.






