Sin duda de que Rubén Moreira se ha convertido en un pasivo pesado, nada ligero, para los priistas de Coahuila.
Su afán de protagonismo y sus deseos de vanidad política, se mete en todo sin que lo llamen, es un reto a vencer para los priistas y su alianza con el PAN y el PRD, de cara a la elección de gobernador del estado y de diputados locales el próximo domingo cuatro de junio.
Junto con Alejandro Moreno, Rubén conforma el dúo más afín a los intereses del presidente López obrador para mantener la Presidencia de la República.
Al mismo tiempo, el dueto aborrecido recibe las críticas de los mismos priistas que nunca los han querido y que los acusan de secuestrar a su partido político.
Todos los días Osorio Chong, Beatriz Paredes, Claudia Ruiz Massieu, entre otros de la vieja guardia, cuestionan el entreguismo de Alito y de Rubén Moreira hacia AMLO y los intereses de Morena .
Ambos creyeron que participar en la manifestación contra el Plan B de AMLO les daría oxígeno y no.
Fue el INE el que tomó la decisión mayoritaria de acortar la presencia de Alito y Rubén en la dirigencia nacional que la querían prolongar hasta la elección presidencial.
Y lo hicieron en una sesión extraordinaria y sin que nadie se enterara. En lo oscurito.
Sin embargo, ya les dieron plazo y será su partida en cinco meses más. Por un lado bien y por el otro no.
En el bien, se renovaría el PRI ante el reto de la elección presidencial, pero en el asunto malo, Rubén le metería mucho ruido al candidato Manolo Jiménez en sus afanes eternos de control.
Por cierto, Miguel Riquelme ya es nombrado para suceder a Alejandro Moreno en la dirigencia nacional del PRI.






