Las lealtades y las deslealtades hacen la diferencia en la vida. En política, Harfuch y Marcelo se quedaron en Morena, a pesar de que tenían sus activos.

Harfuch, de la mano de Claudia Sheinbaum, tuvo que ceder su espacio por “género” a Clara Brugada, impulsada por el presidente López Obrador, a pesar de que en la encuesta quedó casi 20 puntos arriba.

Marcelo detuvo su ímpetu, la pensó bien y le ganó la lealtad a Morena, al presidente AMLO.

Ambos ya tienen su lugar en el círculo de la candidata presidencial Claudia Sheinbaum.

En contraste, aquí en Coahuila a Ricardo Mejía le ganó la soberbia y la deslealtad, al grado de que se ha convertido en la piedra en el zapato, incómoda, para los divididos morenistas.

Mejía ya no tiene lugar en Morena, a pesar de que Marcelo Ebrard se haya quedado.

En las negociaciones de Ebrard no está contemplado Mejía, simplemente porque es aborrecido por López Obrador y Claudia Sheinbaum. Así o más claro.

Y lo es, porque lejos de sumarse a Guadiana, lo golpeó y disminuyó las ya de por sí pobres posibilidades morenistas en Coahuila.

Ahora en el PT, Berdeja quiere tener candidatos propios en ayuntamientos, diputaciones federales y senadurías, como si el escenario político fuera el mismo de antes en el que argumentaba estar cercano al presidente o a Sheinbaum.

Conforme transcurre el tiempo, más se nota su deslealtad y sus errores, plagados de justificaciones ególatras y de soberbia.

El “Berdejazo” aún persiste como un fenómeno nada institucional del cual las tribus morenistas no se han podido ni se podrán sacudir.