¿Recuerda usted la muerte del maestro de primaria Rafael Pérez Hernández? Murió a causa de la golpiza que le dieron cuatro policías municipales. Ese homicidio conmocionó e indignó a la ciudadanía y fue la debacle, debut y despedida del exalcalde Isidro López.
Ocurrió un jueves diez de agosto del 2017 en las instalaciones deportivas de la Sección 38 de maestros en la colonia Zaragoza. Los cuatro policías, dos siguen en la cárcel, en principio negaron que se les haya pasado la mano, al detener al profesor Rafael, quien, según ellos, alteraba el orden público. Nadie les creyó.
Y lo peor, el entonces director de Policía y Tránsito, a la renuncia de Clemente Yáñez, declaró que el profesor Rafael había muerto por los golpes que él mismo se dio al subirlo a la patrulla.
Roberto Castro Sifuentes no solo protegió a los policías homicidas, sino que se convirtió en cómplice del asesinato. Lo anterior a pesar de que circuló el video de la cámara de la entrada de la Cruz Roja, donde se ve a los policías golpear con saña animal al profesor Rafael que daba clases en la escuela primaria anexa a la Normal.
Su cuerpo mostraba huellas de violencia extrema en todo su cuerpo, en especial en su rostro y en su cabeza. El entonces comandante Roberto Castro hizo hasta lo imposible para cambiar el dictamen médico y no lo logró.
Pasó a la historia como el peor comandante de Policía y Transitó de Saltillo y demostró su incapacidad, falta de ética y de preparación para cumplir con su deber de proteger a la ciudadanía; todo lo contrario, trató de solapar un cruel asesinato de un hombre inocente con su descabellada declaración: “los golpes que presentaba se los produjo él mismo”.
¿A quién defiende ahora este abogado de pésima trayectoria y triste memoria? Nos dicen que su cliente está acusado de fraude en Ciudad Acuña.






