Riquelme ganó la gubernatura con 482 mil votos y en esa elección el segundo sitio fue para Memo Anaya con 452 mil; Guadiana, sin el efecto AMLO, alcanzó 151 mil sufragios.

En casi seis años de Gobierno, Riquelme casi llega a los 600 mil -referencia proceso interno para elegir a Manolo Jiménez candidato a gobernador- y es el reflejo de estar en el primer nivel de aceptación de gobernadores a nivel nacional.

Entre sus principales activos están mantener eficientes niveles de seguridad, el manejo de la pandemia por covid, las inversiones nacionales y extranjeras y la creciente generación de empleos.

Por su parte, Armando Guadiana subió a los 340 mil -resultado de la revocación de mandato- y tiene en su principal aliado al presidente López Obrador. Ambos en su categoría han subido, pero ¿el PAN?

Adormilado y con liderazgos obsoletos, Acción Nacional muy apenas podrá aportar 150 mil votos a la alianza con el PRI y el PRD. Perdió la brújula, al grado que hoy lo lidera una señora, Elisa Maldonado, que responde a los intereses del alcalde de Monclova, Mario Dávila.

Se desmoronaron las figuras de liderazgo como el propio Memo Anaya, Jorge Zermeño, Marcelo Torres Cofiño, Esther Quintana, entre otros. Acción Nacional necesitaba la alianza con Riquelme y con Manolo para sobrevivir, ante la embestida de Morena.

Ahora, por más esfuerzo que haga, está diluido y con pocas posibilidades de estar representado en el próximo congreso estatal y en el Gobierno estatal. Sus votos se concentraron en la muy reducida estructura ortodoxa y los demás se repartieron, perdieron los municipios de Torreón y de Saltillo y con ello atraviesan por la sumisión, por lo menos aquí en Coahuila.

Claro que los votos que aportan son buenos para la causa de impedir el triunfo de Morena en la gubernatura, pero estarán en un sitio de negociación muy reducido por su debilidad enfermiza.