La elección de sus candidatos en los 17 estados le generó a Morena división, y para Coahuila la sensación de que, otra vez, están perdidos.

Bajo la mentira de defensores de la 4T,  Morena destapó a las y los candidatos a gobernador en los 17 estados.

Se trata de actos anticipados de campaña en los que el INE, como árbitro electoral, asumió la postura del avestruz: metió la cabeza al hoyo para no ver lo que realmente sucedió arriba.

Y arriba los morenista se agarraron de la greña, al grado de que el PT, al ver el desgarriate, amenazó con no hacer alianza para sacar raja política, sobre todo en el objetivo de que Morena tenga mayoría calificada en el Congreso.

“Nosotros no podemos ganar solos un estado, pero sí podemos hacer que Morena no gane en 12″, argumentó el PT.

Ante tal advertencia, Morena negoció posiciones y las obtuvo.

Sin embargo, la elección interna con encuestas a modo dejó a Morena muy golpeado.

A eso súmele la corrupción, la impunidad y el distintivo de narcopartido ya diseminado entre los electores; Morena llega a la elección muy mermado y con alta posibilidad de perder gubernaturas y la mayoría en el Poder Legislativo.

En ese escenario, Coahuila sigue en el rumbo de las pérdidas.

El Comité Nacional no voltea a verlos, ni siquiera para analizar posibles candidaturas a alcaldes y diputados federales en los ocho distritos.

El desdén hacia Coahuila tiene su origen. En la última perdieron 16 a cero, junto al pobre PT, y siguen sin hacer partido político.