A unas horas de dejar de ser gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís cumplió su trabajo y deja un legado de positivos en áreas que ya quisieran otras entidades, como la seguridad pública, las inversiones y los empleos y el haber enfrentado con éxito el reto histórico del covid.

Estrangulado por el recorte de recursos federales que acumuló los 23 mil millones de pesos, Riquelme sorteó la adversidad con políticas públicas responsables para que Coahuila no detuviera su desarrollo social y económico. 

El estado nunca se paralizó, a pesar del interés político partidista de Morena por frenarlo o ignorarlo desde el Gobierno federal.

Por algo en encuestas nacionales de por lo menos cinco encuestadoras, entre ellas Mitofsky, Riquelme ocupó los primeros tres lugares de aprobación ciudadana y, en el terreno político, como priista, logró evaluaciones de liderazgo a nivel nacional.

Sin duda su administración fue puesta a prueba, no solo con el recorte sistemático de recursos por parte del Gobierno federal, sino con imprevistos de gran calado como el surgimiento del covid.

Su estrategia fue efectiva y eficiente, en cada región los subcomités de salud lograron prevenir y frenar el número de personas que fallecieron por la mortal enfermedad.

Pero, sin duda, un rubro muy importante de su labor como mandatario tiene que ver con la seguridad pública, que es garante para potencializar otros aspectos como las inversiones generadoras de empleos y, sobre todo, la convivencia sana de la sociedad.

Otras áreas que nunca descuidó su gestión fueron la educación, el ordenamiento territorial, el cuidado al medio ambiente y la promoción de la cultura y del deporte.

De su eficiente labor se desprende en el terreno político la respuesta ciudadana en favor de su partido político, el PRI.

Miguel Riquelme cumplió su cometido y la historia lo habrá de juzgar como un político inteligente, trabajador, noble y responsable.