La militarización del país es grave para la estabilidad social y por consiguiente recae en la economía y en la generación de empleos. Que el ejército haga obra pública, que la Guardia Nacional pase a su mando y ahora el programa «Internet para todos» sea dirigido por el sector militar refleja que el gran aliado del presidente López Obrador acelera la resistencia civil a partir del declive natural del sexenio federal. Peligroso, muy peligroso establecer un régimen democrático, respaldado por la milicia.

Nuestro ejército tiene una enorme credibilidad y cuenta con la confianza de la sociedad por estar siempre al cuidado de las garantías ciudadanas. Además, es destacado su trabajo en desastres naturales y en la lucha cotidiana contra la delincuencia. Es su naturaleza la que brinda las garantías de la tranquilidad para una sociedad como la nuestra.

Pero llevar al ejército al escenario de la política nunca es bueno. La historia lo demuestra en los países de izquierda que usan a la milicia para reprimir a los propios ciudadanos de los cuales emana la propia estructura militar.

Hoy más que nunca la vecindad con Estados Unidos nos ayuda para frenar el avance de la militarización extrema como base de fuerza contra quienes no piensan igual que el presidente López Obrador. Hoy el sentido de libertad se hace más patente en la necesidad de un país, donde hay diversidad de opiniones y posturas políticas.

La historia en el mundo y en nuestro propio país, muestra que es un error histórico apostarle a la militarización con sentido de armonía social ficticia. Los ejemplos están en Porfiria Díaz, Victoriano Huerta y todo aquel que confunde la estabilidad con amenaza.

A final de cuentas es una fórmula que no funciona y que tarde que temprano es rechazada por un país inmerso en la globalización y en consecuencia por la dependencia que cada vez es mayor de nuestro méxico hacia los Estados Unidos.