Tiempo en el que el PRI tenía como único adversario al PAN, nunca se hubiera imaginado la alianza de hoy para vencer a Morena.
Eran las nueve y media de la noche y Manuel López salió a festejar su triunfo.
Dijo a reporteros que había ganado por el apoyo, no solo de panistas, sino de gente que repudiaba al PRI. Gritos y vivas de triunfo acompañaban al entonces exalcalde de Saltillo.
Mientras tanto, en el PRI había cautela. Nada de tristezas, calma y cero declaraciones.
De pronto, ya entradas las once de la noche, todo cambió. Manuel no volvió a festejar.
Del lado del PRI, sí, se habían contado todos los votos. Manuel salió a festejar y todavía no llegaban los votos de Parras. Se confió y no hizo proselitismo en la tierra de Francisco I. Madero. Creyó que con Saltillo y Ramos Arizpe tenía para ganar.
Solo que enfrentó a un político de mayor oficio que él. Nunca se confió al diseñar una estrategia de campaña política intensa y de no menospreciar.
Su nombre: Óscar Pimentel González, exfuncionario de gobernación, exsecretario de educación, exdiputado federal y ahora titular de la Unidad de Inteligencia Financiera del Gobierno estatal.
Recuérdelo, porque va en camino a ser el coordinador de la campaña de Manolo Jiménez al Gobierno estatal. Experiencia y oficio. Y como dice un amigo, y dice bien, le sabe a eso de ganar campañas políticas.






