No hay día que no amanezca este país con noticias de balaceras, ejecutados y demás problemas de inseguridad. Apenas este sábado las noticias principales eran que seis personas fueron acribilladas en una celebración de cumpleaños en Monterrey, Nuevo León; en Guadalajara tres personas fueron asesinadas al interior de un restaurante, entre ellos se encontraba Salvador Llamas, titular del Sistema de Agua Potable, Drenaje y Alcantarillado (SEAPAL) de Puerto Vallarta, militante por Morena; y así podríamos seguir si nos vamos fechas atrás.
El problema es que en Palacio Nacional tienen una óptica extraña de lo que se vive en México con la inseguridad, el discurso sigue siendo el mismo desde hace tres años justificando la situación con que son problemas arrastrados de otros sexenios. Y pueden tener razón pero las estadísticas marcan que la estrategia no marcha bien, tan solo en lo que va del sexenio de AMLO van 136 mil 670 homicidios. Está a menos de 20 mil de superar los 156 mil 066 que dejó Peña Nieto en toda su gestión, de hacerlo se convertiría en el mandato más sangriento de la historia, lo cual sería una estadística terrible para la actual Administración federal.
Se entiende el por qué tener al ejército en las calles, pero algo está fallando que las cosas no cambian. Podrían ponerse peor, pues hay estadísticas que indican que en periodo electoral la inseguridad suele crecer y de acuerdo con datos de la organización Data Cívica, actualizados hasta julio, 2022 ya es el año con más incidentes de violencia criminal-electoral. Es decir, los criminales buscan incidir en los comicios.
Cuando el gobernador Riquelme habla de un fallido intento de calentar la plaza por cuestiones electorales hay que tomar con la respectiva seriedad que amerita el tema, pero sobre todo hay que reconocer la manera frontal con que en Coahuila se combate este tipo de hechos, no es fácil mantener la paz y lograrlo tiene un gran mérito.






