El silencio de Marcelo Ebrard habla.

Antes de la elección, el aspirante presidencial accedió a venir, con berrinche, fue a un solo evento con Guadiana y se regresó.

Marcelo Ebrard no dio entrevistas y tampoco tomó el micrófono en el único evento en el que participó, supuestamente, para darle el apoyo a Guadiana.

Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López sí lo hicieron y hasta calificaron de traidor a Ricardo Mejía Berdeja.

Marcelo no, y su silencio habló de no estar de acuerdo con la dirigencia nacional de su partido político y, en consecuencia, del presidente López Obrador.

Hoy, como dice Jericó Abramo, surge el fuera máscaras.

Reapareció Ricardo Mejía en el evento de apoyo a Marcelo Ebrard y eso avivó la versión del divisionismo de Morena, pero ahora, antes de la elección presidencial.

Que Marcelo, tal como lo hizo Mejía, al no ganar la encuesta se iría a otro partido político opositor a Claudia Sheinbaum.

Así como le hizo Mejía al desconocer a Guadiana y propiciar la división de los partidos de izquierda que ni unidos le hubieran ganado al gobernador electo, Manolo Jiménez.

Ahora Mejía tiene como única opción política a Ebrard, porque su regreso a Morena está cerrado y con tres candados, como la puerta negra. 

Solo si Ebrard ganara la encuesta, fuera el candidato presidencial y ganara, Mejía podría ver en el futuro una pequeña luz de retorno al nuevo Gobierno federal, emanado de Morena.

La división ocurrida en Coahuila y el fracaso de Morena encendió la luz roja en Palacio Nacional, donde ya tienen calculada la salida de Ebrard, lo que no tuvieron en Coahuila, aún y cuando el propio presidente López Obrador trató, y no logró, conciliar a los peleoneros.