Siempre, Andrés Manuel López Obrador fue un presidente mentiroso.
¿Recuerda usted cuando dijo que la gasolina magna tendría un costo de 10 pesos por litro?
El compromiso se convirtió en mentira, como todo su gobierno morenista.
Por efectos internacionales y nacionales, es imposible que cueste 10 pesos.
La presidenta Claudia Sheinbaum, otra vez, ha salido a frenar el alza en el precio de la magna, el tipo de gasolina que usamos el 70 por ciento de los ciudadanos.
El control en los precios de la gasolina roja y del diésel está fuera del alcance del Gobierno federal y de los gasolineros, porque hay factores externos que no se pueden medir, como el actual conflicto armado en Irán.
En la reunión los distribuidores se comprometieron a reducir su utilidad.
Ganaban entre un peso con 50 centavos y dos pesos por litro de magna vendido.
Ahora, su ganancia será de 50 centavos, para que el precio de la magna no rebase los 24 pesos por litro.
El Gobierno federal se gana ocho pesos por litro, recursos que aplica como impuesto para obtener dinero y soportar sus gastos en obra social.
Hoy, nuestro país importa casi el 87 por ciento de las gasolinas de los Estados Unidos.
El resto se importa de países secundarios como Arabia Saudita.
Es más que evidente la creciente molestia social por el aumento en los precios de las gasolinas y el diésel.
Ahora se pide que los distribuidores se aprieten el cinturón.
Pero la inconformidad es cada vez mayor, aunque se quede la magna en 24 pesos el litro, por la forma populista en que trató el tema prioritario el presidente de las mentiras: Andrés Manuel López Obrador, el morenista que le heredó puros problemas a la presidenta Claudia Sheinbaum.






