Los incendios, en sus diversas magnitudes, son un fuerte llamado de atención a la corresponsabilidad social.

No solo ponen en riesgo la vida de las personas, sino que provocan daños irreversibles.

Matan a las especies y a su hábitat, y, en consecuencia, provocan el caos en nuestra naturaleza y contaminan el medio ambiente al convertir en cenizas árboles que tardaron años en crecer y son de vital importancia para oxigenar el ambiente, protegernos del sol y atraer lluvias.

Por supuesto que se necesita endurecer las penas y las multas de quienes los provocan, como el registrado en El   Tunal, municipio de Arteaga, con el daño de más de 35 hectáreas de matorral, arbolado y maleza.

La versión es que inició en una huerta de manzana abandonada, a orillas de la carretera. ¿Quién lo provocó o cómo inició por la posibilidad del efecto lupa?

No se sabe, pero el incendio, igual que los provocados en Saltillo, Ramos Arizpe, entre otros municipios, nos causan graves estragos a la naturaleza y a la convivencia.

Y ante el sombrío panorama de sequía, por falta de lluvias, demanda de la participación de todos.

Ya el Gobierno del estado puso en marcha la campaña preventiva de incendios forestales en la que todos debemos de participar y seguir las recomendaciones.

Cientos de brigadistas se juegan la vida para sofocar el incendio, además de un intenso despliegue por aire y por tierra.

Recordemos lo ocurrido en California, donde los incendios causaron la muerte de, por lo menos, 29 personas y más de 150 mil lesionados. El fuego arrasó con 160 kilómetros cuadrados de casas y tierras.

Cuidemos nuestros bosques, nuestras sierras y seamos responsables, junto a las autoridades del Gobierno de nuestro patrimonio natural hoy en riesgo por nuestra irresponsabilidad.