Lo que pasó en la mina de Pinabete en Sabinas es una tragedia tan grande como la que desde hace años pasa en la Región Carbonífera sin que ningún gobierno federal le entre al quite.

Tan solo el 4 junio del año pasado siete mineros quedaron atrapados en la mina Micarán, en la localidad de Rancherías, de Múzquiz, Coahuila, desafortunadamente todos fueron rescatados sin vida, de la fecha a la actualidad nada ha cambiado; ahora son  10 mineros los que están atrapados en uno de los tantos pozos de carbón qué si bien no son clandestinos carecen de toda regla de Protección Civil, son 10 vidas que mientras escribo esto, la probabilidad de rescatarlos con vida disminuye considerablemente.

El tiempo no pasa en esta región, son pueblos sin ley y para las familias mineras el progreso no existe.

Si usted tiene oportunidad de estar en esa región de Coahuila, se dará cuenta que la riqueza está en manos de solo algunos cuantos y la mayoría de estos tiene que ver con el negocio del carbón.

El ejemplo más claro es la familia Flores; tan solo el año pasado, Tania (alcaldesa de Muzquiz) y su hermano Antonio, quien recientemente acaba de comprar un Lamborghini de 6.4 millones de pesos, se adjudicaron en muy oscuros contratos con CFE mil 508 millones de pesos por la compra de carbón de baja calidad, ¿se imagina usted esa cantidad de dinero invertido en salarios dignos para los mineros? En tecnología para que su trabajo sea más seguro, en pólizas de vida para ellos y su familia, sería una utopía, así la pobreza franciscana de quienes representan la 4T.

Pero este es solo un ejemplo, son muchos los que han amasado fortunas a costa de la explotación de mineros y quienes aprovechan esa misma fortuna para corromper las leyes, silenciar autoridades y poder seguir incrementando sus patrimonio a base de corrupción.