Gracias a la prepotencia y a la ineptitud de Luis Gutiérrez al frente de la Oficialía Mayor, hoy se tiene que realizar la operación cicatriz para mejorar el ambiente de trabajo y crear un nuevo contrato colectivo.
“El deshumanizado e intolerante”, le decían sus trabajadores más allegados. Los desplantes de “Luisito”, que ya se creía rector, trajeron una ríspida relación con los trabajadores sindicalizados y de confianza.
Y es que, desde la Oficialía Mayor y con sus aires de soberbia, quitaba y ponía sueldos a su antojo para consolidar su propio proyecto hacia la Rectoría que le prometió su amigo, el ahora exrector Salvador Hernández Vélez.
Pero en ese golpeteo sin necesidad y solo por hacer sentir su poder mediático, Luis Gutiérrez causó el distanciamiento con el Sindicato de Trabajadores, y más con los empleados de confianza. Nunca generó armonía y, por el contrario, propició la división y el golpeteo.
Son muchas las historias de que corrió a gente como a Marcelo Lara, solo porque lo veía apoyando al hoy rector Octavio Pimentel o simplemente bajo el argumento de que “me lo pidió el rector”.
Hoy Luis Gutiérrez busca acomodo en la nueva Administración, pero está apestado por la rudeza innecesaria (Ad hoc con el Super Bowl) que caracterizó a su gris gestión.
El Mirón lo ubica en la banca.
Ahora hay que generar un mucho mejor ambiente, de respeto y de trabajo, de armonía y de unidad, y ya lo hace el nuevo rector Octavio Pimentel, desde un nuevo contrato de trabajo que vaya acorde con las finanzas de la universidad y sus objetivos académicos de calidad y de unidad.






