Aunque era de Morena, Beto Leyva privilegió el sentido humanista antes que otra cosa.
Era amigo de priistas, panistas, perredistas y de funcionarios de los distintos niveles del ejercicio público.
Fue el ingeniero Armando Guadiana quien le dio la oportunidad de figurar en la política y en el servicio público.
Al fallecimiento del ingeniero Guadiana, Beto se mantuvo cerca de Cecy, de Alberto, de Toño y de todo su grupo.
Sin embargo, bajo el tema que le apasionaba, como lo es la seguridad, tejió amistades por todos lados.
Ya fueran de cualquier partido político o de cualquier administración. Su altura de miras, sobrepasó los colores partidistas, corrientes ideológicas y a las administraciones de los gobiernos.
Demostró que es necesario ir al fondo de los asuntos de interés públicos, con base en el estudio, la planeación y la ejecución correcta.
Beto Leyva nunca anduvo en la frecuencia de los ataques sin sentido y las descalificaciones que descalifican al que las hace sin bases, solo por atacar, solo por atraer la atención mediática.
Por el contrario, opinaba de lo que sabía, con base en estudios teóricos, pero también prácticos, algo que hace la diferencia en el quehacer de la investigación.
Por eso Beto era distinto a muchos políticos y funcionarios públicos que sobresalen pronto, pero su permanencia es efímera y los ciudadanos la descalifican a la hora de cualquier juicio.
Hace poco surgió la versión de que el Gobierno federal lo había designado como delegado del Infonavit.
RCG Media trató de contactarlo y de inicio no fue posible.
Pero a la hora respondió. “Venía en vuelo de la Ciudad de México y ya aterricé en Monterrey”, argumentó.
“Pero, ¿qué crees?”, preguntó. “Allá me dieron el nombramiento y al llegar me acaban de avisar que siempre no”.
A pesar de la mala o buena noticia, ya no se sabe, Beto reaccionó como siempre: tranquilo y sin echar culpas, positivo, digno y feliz.
Así fue Beto Leyva. Descanse en paz.






