Después de sufrir la peor de sus derrotas, donde Manolo Jiménez les ganó por más de 500 mil votos, los morenistas regresaron a la grilla y al mismo pleito entre sus tribus siempre desorganizadas.

Bajo la línea del desorden que malinterpretan por tener de presidente a López Obrador, ya se reparten, otra vez, entre las cargadas a las llamadas “corcholatas”, los aspirantes a la candidatura presidencial. 

Lejos de asumir la derrota para reflexionar sobre sus errores y buscar enmendarlos, ya se toman fotos en grupo en apoyo a Claudia Sheinbaum, Adán Augusto, Marcelo Ebrard o Ricardo Monreal. 

La tunda que les puso la mancuerna Riquelme- Jiménez- ya se les olvidó.

Pero aún noqueados, ya ven la elección presidencial del 2 de junio del año próximo como la nueva oportunidad de colarse hacia alguna candidatura.

Y es que estarán en juego las 38 alcaldías, ocho diputaciones federales y dos senadurías, más las pluris.

Y la ambición de los morenistas puede más que la realidad de desastre que viven en Coahuila.

Y el ejemplo es claro, más no les da para analizarlo; los beneficiarios de los programas sociales del Gobierno federal ascienden a unos 420 mil y en la elección de gobernador, su candidato, el senador Guadiana; no alcanzó ni los 280 mil, es decir, la imagen de Manolo y sus propuestas de trabajo, más los activos de Riquelme, como la seguridad pública, rebasó hasta los supuestos activos de AMLO y no se diga, de sus candidatos.

Sin embargo, todavía no salen de la cruda, luego del golpe letal de la embriaguez electoral, y ya andan alocados en torno a los aspirantes morenistas, donde solo ofrecen malos resultados y desorden.