La grave crisis migratoria que vive nuestro país llega en medio de un tema de corrupción del Instituto Nacional de Migración, que aún dirige el amigo del presidente Andrés Manuel López Obrador, Francisco Garduño, quien, aunque usted no lo crea, está siendo investigado por el asesinato de 40 migrantes en un centro de detención en Ciudad Juárez, Chihuahua.
El tema de los migrantes no es cosa nueva, ha sido resultado de una serie de malas decisiones que el actual Gobierno federal tomó hace algunos años. Si usted no lo recuerda, le explico.
El Gobierno de AMLO inició con una serie de iniciativas protectoras de derechos humanos que incitaban y promovían el libre paso de migrantes por el territorio mexicano, cosa que hizo enojar al entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien poco a poco fue presionando a México para que se retractara de esas decisiones, pero como ya de todos es conocido en Palacio Nacional, solo despotricaban en contra de los americanos, hasta que Trump dio un golpe de autoridad y amenazó a México con imponer aranceles de importación y con esto el Gobierno de la 4T tuvo que pasar saliva y doblarse, militarizando la operación de la INM, y es aquí cuando todo se fue al carajo.
Si esos 40 migrantes no hubieran muerto en Juárez, no nos hubiéramos dado cuenta las condiciones en que son tratados, los abusos que existen, los sobornos que tienen que pagar y el manejo del crimen organizado para su transportación, porque no es casualidad que miles de migrantes lleguen a las fronteras de México de un solo golpe; es evidente que se trata de una operación bien estructurada y que viene operando de unos años para acá.
Lejos está el discurso oficial de la realidad de nuestro país en temas migratorios. No hay peor ciego que el que ya vio la realidad y decide volver a cerrar los ojos.






