Quiero un México chingón.

Los que me quieren y los que no me quieren.

El Mirón no sabe quién asesora en imagen a la señora Xóchitl Gálvez, pero, quien sea, está mal.

En uno de sus anuncios que se repite tres veces, una por el PRI, otra por el PAN y una vez más por el PRD, aparece junto a sus hijos y el tradicional árbol de Navidad.

De nuevo, ya lo hizo en otro anuncio, relata lo difícil que ha sido su vida y el esfuerzo para remontar adversidades.

Luego envía el mensaje de Navidad para quien la quiere y para quien no, ya da por descontado que hay quienes no, lo que contradice al espíritu de conquista que debe tener todo candidato a un cargo público.

Lejos de presentar una imagen popular y con ganas de servir, doña Xóchitl se siente Santa Claus y envuelve regalos y desperdicia el momento sin mirar a la cámara y sin hacer compromisos, otro factor esencial de un candidato.

Y remata con su deseo de alcanzar un México chingón, como si con eso la panista pudiera conquistar a la población juvenil.

También, otro error de simulación que no vincula y menos genera calidez o cercanía con los electores.

Doña Xóchitl se nota y se ve desdibujada y se quiere parecer a Vicente Fox, quien en su momento sorprendió con sus frases de Paquita la del Barrio, pero que ya como presidente decepcionó.

Según la encuestadora Mitofsky, Claudia  Sheinbaum aventaja por casi 30 puntos a Xóchitl y eso que todavía no arrancan las campañas y se abordan los temas duros que no se enfrentan con maldiciones, sino con conocimiento puntual y Doña Xóchitl está muy lejos de darle seriedad y confianza a su candidatura presidencial.