Saltillo está de fiesta, y tiene razones para estarlo.
Los números del primer cuatrimestre del año son los mejores que ha tenido la ciudad en materia de empleo formal en mucho tiempo. Somos la capital que más plazas generó en todo el país. Coahuila encabeza el ranking nacional en formalidad laboral. Las autoridades lo celebran, los titulares lo confirman, y uno quisiera simplemente aplaudir y seguir con su día.
Pero hay una pregunta que se me atora cada vez que leo estas cifras: ¿formal comparado con qué?
Lo que se construye y lo que no
Basta con manejar por cualquier zona de crecimiento de la ciudad para entenderlo. Saltillo está en obra permanente. Fraccionamientos, bodegas industriales, plazas comerciales, puentes, avenidas. La construcción es uno de los motores más visibles del auge que tanto presumimos. Cada vez que un funcionario habla de inversión y desarrollo, detrás hay decenas de trabajadores cargando varilla bajo el sol.
Y esos trabajadores, en su enorme mayoría, no existen en las estadísticas de formalidad que tanto celebramos.
Más del 90% de los albañiles en Coahuila labora en la informalidad. Nueve de cada diez en el estado entero, sin IMSS, sin seguro de vida, sin fondo para el retiro. Y los que sí están en el sector formal no la tienen mucho mejor: el salario promedio en la construcción ronda los 11 mil 200 pesos al mes, en jornadas que superan las 43 horas semanales, realizando un trabajo que implica riesgos físicos constantes y reales.
¿Cuánto cuesta vivir en Saltillo? Más de 21 mil pesos al mes, según el INEGI. Hagan la cuenta.
El costo de construir la ciudad que no puedes rentar
Hay algo particularmente irónico en la situación del trabajador de la construcción en Saltillo: los hombres que levantan los fraccionamientos nuevos no pueden comprar ni rentar en ellos. Los que edifican las bodegas donde trabajarán otros con mejores salarios, regresan a colonias donde la infraestructura lleva años esperando atención.
Y cuando hay un accidente, que los hay con una frecuencia que debería avergonzarnos, no hay red de protección. Solo en 2025 se documentaron más de cien accidentes laborales vinculados a albañiles en el estado: caídas, colapsos, fracturas, muertes. Trabajadores que no cuentan en los rankings de formalidad porque nunca tuvieron un contrato, pero que sí cuentan, con todo su peso humano, cuando algo sale mal.
El número que falta en el comunicado
Saltillo generó 16 mil empleos formales en cuatro meses. Es un dato real. Pero un número así, solo, no nos dice nada sobre la calidad de esos empleos. No nos dice cuántos de esos trabajadores pueden pagar su renta sin endeudarse. No nos dice cuántos cargan materiales todo el día y aun así necesitan un segundo ingreso para llegar a fin de mes. No nos dice cuántos están a un accidente lejos de quedarse sin nada.
Liderar en empleo formal es un punto de partida, no una meta cumplida. Y mientras el sector que literalmente construye esta ciudad siga siendo invisible para las estadísticas que celebramos, el récord seguirá siendo solo eso: un número bonito en un comunicado de prensa.
La ciudad crece. Los que la construyen, todavía están esperando que ese crecimiento llegue hasta ellos.






