Pues como dicen “no todo lo que brilla es oro”, si bien las reformas fiscales que contiene la recién aprobada miscelánea fiscal que se discutió a lo largo de 48 horas, buscan generar una mayor recaudación tributaria para el crecimiento del país, no todos saldrán beneficiados en el camino.
Comencemos por entender que al hablar de la miscelánea fiscal nos referimos a un documento que tiene una vigencia anual que contiene las reglas en materia de la recaudación de impuestos que tenemos que pagar todos los mexicanos durante el próximo año; hay algunos impuestos que todos los mexicanos sin excepción estamos obligados a pagar, entre ellos se encuentra el impuesto sobre el valor agregado (IVA).
Y hay buenas noticias, ya que la Cámara de Diputados ha dado luz verde a la propuesta de tasa cero del IVA en los productos de higiene femenina, la eliminación del IVA es el primer paso para alcanzar la gratuidad en estos productos para todas las mujeres mexicanas.
Hasta ahí todo pinta bien, otro de los puntos es la introducción del Régimen Simplificado de Confianza, el cual busca eximir del pago de este impuesto a aquellos contribuyentes, personas físicas, que exclusivamente se dediquen a las actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas o pesqueras, siempre que el monto de sus ingresos en el ejercicio fiscal del que se trate no exceda de los 300 mil pesos.
Por otro lado, ha causado controversia la obligatoriedad para los jóvenes mayores de 18 años de inscribirse al Registro Federal de Contribuyentes (RFC). Lo que se plantea es la inscripción bajo el rubro “inscripción de personas físicas sin actividad económica”, dejando claro que no dará lugar a obligaciones fiscales como la declaración o pago de impuestos, y que esta medida tampoco aplicará sanciones, es sencillamente impulsar la cultura tributaria de que naces, creces y un día te darás cuenta que hay algo ahí, que se llaman IMPUESTOS por productos o servicios que consumes y que se tienen que pagar.
El Gobierno mexicano argumenta en su propuesta que con la reforma busca ampliar la recaudación fiscal e invertir ese dinero extra en fortalecer los programas sociales que buscan reducir la pobreza en el país.
Pero aquí vienen los daños colaterales, ¿los afectados? Una suma importante de mexicanos que con esfuerzos propios y a través de donativos de la sociedad civil buscan atender aquello que el Gobierno no ha podido o no ha querido atender.
Hoy, las personas físicas en México pueden deducir gastos ante Hacienda con un límite de 163 mil pesos, como gastos médicos y funerarios, intereses de hipotecas, transporte escolar, una parte de las colegiaturas, entre otros.
Y además de esos gastos, como parte de un incentivo fiscal, también pueden deducir los donativos que hagan a organizaciones de la sociedad civil hasta el 7% de su ingreso anual. En cambio, para el próximo 2022, lo que propone la reforma al Artículo 151 de la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR) es que el SAT reduzca el tamaño de esa bolsa y que solo puedan deducir hasta el 15% del total de sus ingresos, y que los deducibles por donativos ya no estén en otra bolsa aparte, sino dentro de esta misma, por lo que deberán decidir si deducen sus gastos fijos o deducen sus donativos a organizaciones, lo que evidentemente desincentiva la donación, las ONG podrían dejar de percibir hasta 8 mil millones de pesos para la realización de actividades esenciales, como la atención de personas con discapacidad, niños, y mujeres que sufren violencia, personas migrantes, o actividades relacionadas con el medio ambiente y la defensa de los derechos humanos.
Definitivamente, el hecho de quitar este tipo de incentivos fiscales lo que hace es no contribuir al fortalecimiento de una cultura de filantropía que tanta falta hace en México, especialmente en un contexto de pandemia, violencia, y de crisis económica. Por lo que una vez más algunos tendrán que amortiguar los daños colaterales.






