Existen actores y directores que los amantes del séptimo arte deseamos que fueran eternos, figuras como Federico Fellini, Stanley Kubrick, Akira Kurosawa, entre muchos otros, nos entregaron cintas memorables que jamás olvidaremos. Sus obras marcaron un antes y un después en el cine, en la manera de hacerlo, modificarlo y presentarlo. Justo en esa cúspide de creadores encontramos a Clint Eastwood, quien a sus 91 años sigue actuando y dirigiendo y nos presenta este año Cry Macho, su último largometraje.
Mi primer acercamiento al cine de Clint Eastwood fue con Los imperdonables, un western de los noventa que reunió a un elenco de la talla de Morgan Freeman y Richard Harris acompañando al eterno vaquero Eastwood. Las imágenes a media luz, la puesta de cámara tan cercana a los personajes y la trama me cautivó de inmediato. Desde ese momento decidí seguir todo su trabajo y ver cada una de las cintas en las que Clint trabajó como actor o director.
En mi camino descubriendo el cine de Eastwood me encontré con una filmografía llena de matices que me absorbió de inmediato. Mientras me acercaba más a la madurez del director observaba como las historias se iban adaptando a personajes adultos con conflictos reales. Algunos tropezones por aquí y por allá, como en Doro de atar o en Jinetes del espacio, que, si bien no son un desastre, no me parecen tan resaltables.
Poco a poco me encariñé con su manera de filmar y de contar historias. Películas como Sully o Río Místico me mostraron que, además de un tremendo actor, Clint Eeastwood tiene una manera muy específica de enseñarle al público la cotidianeidad americana y resaltar o criticar algunos rasgos y elementos que viven dentro de dicha sociedad, El francotirador o Gran Torino son muestra de ellos, abordando temas patrióticos con un dejo de cuestionamiento.
Llegando a las últimas cintas del director, como La mula o Curvas de la vida, comencé a sentir una profunda nostalgia al ver las cintas; derramar algunas lágrimas viendo estas películas era algo obligado. Parece que Clint está consciente de que sus años de juventud quedaron muy atrás, que las historitas que debe contar deben ser otras, y, sobre todo, que se irá de este mundo haciendo lo que más ama hacer: cine.
Así llegamos a Cry Macho, película dirigida, producida y protagonizada por el mismo Clint Eastwood. Los elementos que han hecho de su cine algo completamente resaltable continúan apareciendo, pero un poco cansados, tropezados, lentos y sin demasiado sentido y argumento.
El guion es por demás sencillo. Mike Milo, una exestrella de rodeo retirada debe ir a México a rescatar al hijo de su jefe, mismo que mantuvo a Mike después de caer en alcoholismo y perder a su familia. En el camino, Mike se encuentra con diferentes obstáculos que le impiden encontrar y regresar al niño a Texas, mientras encuentra redención y trata de cerrar su vida de una manera digna.
La anécdota no da para mucho y concede demasiados permisos para que la historia avance. Los diálogos tropiezan a momentos y son repetitivos, aunque en un par de ocasiones se vislumbran chispazos de genialidad salidos de la boca de Clint Eastwood.
Las actuaciones, exceptuando la de Clint, son de regulares a malas, mostrando muy poco respeto para actuar a la altura de una leyenda, resultando un tanto acartonadas y limitadas a repetir los diálogos sin interiorizar o hacer un verdadero trabajo de preparación actoral.
Los decorados y todo el trabajo de dirección de arte son bastante buenos, en realidad la cinta nos remonta a 1975 en la frontera entre México y Texas. La corrección de color y la iluminación nos coloca en una zona árida y desolada sin mucha esperanza. La dirección de Clint Eastwood muestra bastante calidad, respetando las medias luces que nos ha entregado en la mayoría de su trabajo y colocando la cámara en lugares en realidad íntimos.
Lamentablemente los actos no parecen bien preparados, no estoy seguro si es por una falta de tratamiento en el guion, o si la idea era mostrar una referencia cansada y desdibujada, pero las acciones no son coherentes con los diálogos y para el final del segundo acto comienzan a cansar.
La cinta crea nudos nostálgicos que funcionan. En realidad, el espectador puede llegar a empatizar bastante con el personaje de Clint Eastwood, sobre todo si se trata de seguidores fieles del trabajo del actor y director. En cierto punto la película se siente como una despedida; como ver a Clint decir en la pantalla que ya entregó todo lo que tiene, y que podría seguirlo haciendo, pero está cansado y no puede asegurar una calidad máxima en la obra.
Cry Macho no es una cinta deplorablemente mala, pero tampoco es por asomo buena. Podríamos ubicarla como un trabajo más, lleno de incongruencias y con malas actuaciones, pero con valores de producción relativamente aceptables.
Es complicado hablar de una cinta cuando proviene de un director que personalmente admiro. Pero siendo sinceros, si no eres muy fanático del cine de Clint Eastwood esta cinta te parecerá ridícula y sin sentido, tal vez hasta aburrida. Si sigues al director, tal vez no te moleste del todo y sientas un poco de ternura por lo presentado, pero debemos admitir que no se trata de su mejor trabajo.
Ahora bien, ¿los directores están obligados a entregarnos siempre joyas cinematográficas? La respuesta es no, sobre todo si se trata de un director y actor que ha ganado un sinfín de premios a lo largo de su carrera. Si esta es la manera en la que Clint Eastwood se despide de la pantalla grande, la acepto y agradezco cada una de las enseñanzas que dejó para el séptimo arte.
Calificación: 7.0






