Sucedió en la Ciudad de México y es un acto de xenofobia que refleja la relación con Estados Unidos.
“Fuera gringos, váyanse de aquí. No los queremos, güeros drogadictos”, fueron las consignas de jóvenes y jovencitas con sus rostros cubiertos que destrozaron restaurantes y cafés en la colonia Hipódromo Condesa.
Los seis negocios son propiedad de extranjeros, cuatro de estadounidenses.
La convocatoria a la manifestación fue bajo el concepto de gentrificación. Es decir, la protesta por sentirse desplazado.
En esa zona de la Condesa, estadounidenses han adquirido propiedades que convirtieron en restaurantes, cafés o en bares.
La protesta se salió de control y los manifestantes asumieron la consigna: “ojo por ojo, diente por diente”.
En Estados Unidos, Trump deporta mexicanos ilegales y los califica de animales, pues aquí les destrozamos sus negocios.
Se trató de un evento de xenofobia reprobable e inadmisible, desde el punto de vista humano y hasta histórico, que debe atenderse con la aplicación de la ley contra quienes causaron los desmanes y agredieron a los extranjeros.
No hacerlo pondría en riesgo la estadía de turistas en todo nuestro país y nos llevaría a lo que tanto criticamos de algunos políticos radicales, seguidores de Donald Trump, que es la discriminación.
Esa que desoye la máxima del respeto entre las naciones de Juárez.
Y es necesario actuar de uno y otro lado, porque también vimos, en redes sociales y se hizo viral, a una señora de aparente clase alta insultando a un agente de Tránsito solo por su color de piel.






