Los Charros de Jalisco vencieron ayer a los Tomateros de Culiacán por pizarra de 8 carreras a 6, y con ello se proclamaron bicampeones de la temporada 2025–2026 de la Liga Mexicana del Pacífico, consumando la barrida sobre los culichis.
Más allá del resultado, el triunfo confirma a Benjamín Gil Aguilar como el mánager del momento, sumando un cetro más a una vitrina ya de por sí amplia. El laureado timonel tijuanense cobró revancha deportiva frente a Lorenzo Bundy, estratega de los Tomateros, quien lo había derrotado en 2025 en la final de la Liga Mexicana de Béisbol, dirigiendo a los Diablos Rojos del México, a la postre campeones del circuito veraniego.
Es importante señalar que Gil pasa a la historia como uno de los mánagers más laureados del beisbol mexicano, sentándose a la mesa de leyendas del Rey de los Deportes como Francisco “Paquín” Estrada, Vinicio García y el inolvidable Benjamín “Cananea” Reyes. Con este sexto campeonato —cuatro con Tomateros y dos con Charros— Gil queda a solo uno de empatar el liderato histórico que ostenta Estrada.
Cuestionado en diversas ocasiones por sus desplantes desde el dugout, el famoso “Matador” ha terminado por unificar incluso a sus críticos bajo una misma consigna: estamos ante quien probablemente se convierta en el mejor timonel mexicano de la historia, y eso no es poca cosa.
Ahora, el mandamás fronterizo se prepara para llevar a su equipo a la Serie del Caribe 2026, que se celebrará en su estadio, como uno de los dos representantes de México. El otro serán los subcampeones Tomateros de Culiacán, invitados ante la problemática existente en Venezuela. Ahí, Gil buscará un hito que se le ha negado: ganar un torneo internacional como dirigente, logro que ya consiguió dos veces como jugador con los Tomateros. Será la cereza del pastel antes de dirigirse al Clásico Mundial de Beisbol, a celebrarse en la primera quincena de marzo. Dos oportunidades de oro para que Benjamín Gil termine por consagrarse, de una vez por todas, como el mejor mánager en la historia del beisbol mexicano. Sus detractores explotarán, pero los hechos están sobre la mesa.
Porque en el deporte, como en el poder, los títulos abren debates… pero las trayectorias los cierran.
Y la de Benjamín Gil ya no se discute: se mide.
El tablero sigue en juego.
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