Cuando hablamos de los nuevos directores que han logrado conquistar a una gran parte de la audiencia con temáticas especificas entre el terror y las nuevas narrativas, sin duda tenemos que mencionar a Julia Ducurnau, Jordan Peele, Robert Egeers y Ari Aster como referentes.
Si bien ninguno de ellos está descubriendo el hilo negro del séptimo arte, los tratamientos y acercamientos a temáticas y primicias previamente abordadas nos otorgan cierta frescura que, como amantes del cine, agradecemos.
Así llegamos a Beau Is Afraid (Beau Tiene Miedo), tercer largometraje del neoyorquino Ari Aster, quien tras Hereditary y Midsommar vuelve a perturbar a la audiencia, sumergiéndonos en una alberca de traumas y vivencias que nos obligan a navegar en una historia que bien podría ser a mezcla de Truman Show con Profondo Rosso de Dario Argento, al combinar la farsa caótica de un mundo que se viene abajo sin mucho sentido (al parecer) junto con una trama un tanto especulativa y de interrogantes sobre la muerte de un ser querido y el “roadtrip” mental de nuestro protagonista.
La cinta nos cuenta la historia de Beau Wasserman, un hombre maduro que recibe terapias para tratar de resolver la difícil relación que mantiene con su madre y a quien debe visitar próximamente, tras una serie de eventos desafortunados sacados de la peor pesadilla, nuestro protagonista se entera de una lamentable noticia que lo llevará a un viaje físico y mental para tratar de desenmarañar su verdadera historia y la forma en la que creció.
Con tres horas de duración, la película divide sus tres actos de manera casi cronometrada, mientras que el guion busca estresarnos e incomodarnos con la pasividad de las acciones de Beau ante un entorno que lo violenta de manera constante y antinatural, donde las exageraciones parecen el común denominarlo para una persona que no puede o no sabe defenderse ante la vida.
La primera parte de la cinta transcurre en la calle, el edificio y el departamento donde vive Beau, con una similitud calcada del cortometraje con el mismo nombre de la cinta y realizado por el mismo del director. En este espacio, vemos a nuestro personaje principal cayendo en una espiral de infortunio, mientras tratamos de descifrar como y porque debe tomar fármacos para la ansiedad, sin saber si eso afecta la manera en la que ve el mundo, lo que desemboca en un segundo y tercer momento en el que vemos como el viaje del héroe no es necesariamente una gesta por llegar a un evento, sino una revelación de verdades ocultas y de traumas del pasado.
Esta cinta puede ser muchas cosas, menos algo sencillo de explicar. Con una cantidad importante de referencias, mensajes poco claros y figuras retóricas que buscan llevar al extremo la trama, la producción ejecuta una clase de enfrentamiento entre el discurso y lo que vemos en pantalla, sobre todo cuando las imágenes tratan de ser lo más crudas posibles, pero el mensaje de fondo exige mucho del espectador y lo deja pensando y digiriendo lo que acaba de pasar, pero de inmediato suelta un nuevo golpe que incomoda, perturba y provoca más dudas.
No es que sea una película enteramente inexplicable, el “problema”, si así lo queremos ver, es que, al no ser una cinta enteramente comercial (al igual que las otras producciones del mismo director), puede alejar a muchos espectadores que no necesariamente están buscando ir a las salas de cine a pensar, pero para ser justos, a los seguidores de Aster simplemente les va a volar la cabeza.
Punto aparte será en donde colocan esta cinta en comparación de las producciones anteriores del cineasta, sobre todo porque tiene los elementos de terror poco convencional que vimos en Hereditary y Midsommar, pero lo lleva a la extralimitación con mensajes o ideas que una de dos: o vas a identificar como propios o te parecerán que use fue demasiado lejos en el tratamiento.
La fotografía a cargo de Pawel Pogorzelski, quien ya había trabajado con el director previamente en sus otros dos largometrajes, demuestra una vez más que generar miedo en el espectador no necesariamente requiere de entornos oscuros, a la par de colocar espacios tan incómodos y caóticos que la desesperación es un factor clave que cada escena nos muestra con movimientos de cámara descolocados que nos hacen dudar seriamente de nuestros propios ojos y lo que estamos viendo.
La actuación de Joaquín Phoenix atrapa desde el primero minuto y logra desesperar, estresar y manipular nuestras emociones con un personaje que a momentos queremos proteger y en otros vemos las consecuencias y las acciones que lo han envuelto en la locura; sin duda una interpretación llena de matices y formas que no hacen más que exaltar todos los aciertos, pero también hace evidente los baches que presenta la cinta.
La producción en general es una explosión de propuestas únicas que mezclan distintas ideas y referencias artísticas, sobre todo en el segundo acto, cuando vemos en pantalla una muestra teatral que nos cuenta un lado b de la trama, pero de nuevo, tal vez para algunas personas resulte demasiado pesada de ver, y eso no quiere decir ni que el espectador sea poco inteligente o que el cineasta sea muy rebuscado, simplemente es una cinta que, aunque odiemos la frase, no necesariamente es para todos.
Si vemos los cortometrajes de Ari Aster, entendemos que el directo siempre ha jugado con la delgada línea de mantener una visión propia e incomodar a los espectadores, aunque tal vez y solo tal vez en esta ocasión se pasó un poco de la línea; es triste ver a gente salirse de las salas y, lamentablemente, esta ocasión fui testigo de como poco a poco me quedé solo viendo una cinta que no merecía este recibimiento, pero al analizarla, es entendible.
Tras todas las explicaciones, simbologías, referencias y propuestas hechas, lo único de lo que podemos estar seguros es que Ari Aster volvió a colocar imágenes en nuestra cabeza que difícilmente olvidaremos, ya que la cinta guste será totalmente otra cosa y juzgar la producción por su longitud o por ser poco descifrable dependerá de los ojos con los que se mire y de las cintas previas que hayamos visto.
Si no te gustan las cintas de más de dos horas y media o no conoces al director, muy seguramente la odiarías y lo más recomendable será pasarla de largo, pero si eres fiel seguidor de Aster y has visto todos sus cortometrajes, lo más seguro es que no la odies, pero al sincerarte quizás encuentres que, de sus tres largos, este no es precisamente el mejor.
Calificación 7.8






