¿Qué tal, amigos…? El pasado sábado en el partido America-León, el árbitro del encuentro Fernando Hernandez golpeó con la rodilla al jugador de León, Lucas Romero, quien junto con sus compañeros reclamaba una “mano” anterior a la jugada en revisión; el jugador agredido cayó al césped, por lo que la Comisión disciplinaria abrió una investigación en contra del silbante; al momento de redactar estas líneas no se ha dado a conocer la sanción.

Se dice que los jugadores exageran, les gritan y hasta insultan a los árbitros y que estos son humanos y explotan como el caso de Fernando Hernández; sin embargo, los árbitros tienen en sus manos la solución a los problemas.

El reglamento los faculta a amonestar verbalmente a los jugadores y, de no hacer caso, sacarle tarjeta amarilla y si insiste, una segunda amarilla y expulsión; no necesita el contacto físico.

Como muchas de las situaciones que se presentan en el futbol, la gente de pantalón largo tiene mucho que ver ya que anteriormente en el fútbol mexicano se suspendía a un jugador al acumular tres tarjetas amarillas, pero a sugerencia de los propios directivos, se modificó el número de tarjetas, pasando a ser cinco las amarillas para sufrir una suspensión; inclusive si se “portaba bien” le reducían una tarjeta y podía seguir jugando.

Al parecer el principal problema es que cada tarjeta amarilla tiene un costo para los equipos y se dice que la “instrucción” de parte de la comisión de árbitros hacia los silbantes es disminuir las amarillas y aguantar los reclamos de jugadores.

Si un árbitro saca muchas tarjetas amarillas, corre el riego de no ser nominado en la siguiente jornada y como ellos cobran por partido, prefieren quedar bien con la comisión y no ver perjudicados sus ingresos. 

La máxima sanción que podría recibir el árbitro es una suspensión de quince partidos.

Por lo que nos preguntamos: el árbitro, ¿es víctima de la Comisión de Arbitraje?

Así lo veo. 
Desde mi Óptica.