De interés público y seguridad nacional.
Así dice el acuerdo de nuestro presidente López Obrador, para que sus obras como el aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y las obras de modernización de Pemex, avancen sin sufrir.
Que las obras se asignen sin licitación, como se ha descubierto, que nadie se interponga —tren maya en su segunda etapa— y que todo aquel argumento contrario a su justificación —aeropuerto— termine en la congeladora.
Hubo que recurrir al término obras de seguridad nacional, para que se garantice la terminación en tiempo y forma de esas obras presidenciales que avanzan con la lentitud de la tortuga.
Extraño es que no sea considerada la vida de las víctimas por la inseguridad, como de seguridad nacional.
O la vida de las niñas y los niños sin tratamientos de cáncer o todos los que mueren a diario por la falta de atención médica, a causa de la inoperancia del INSABI.
O quienes se debaten entre la vida y la muerte por el covid y la falta de vacunas.
O quienes viven en extrema pobreza y no tienen qué comer o una vivienda digna.
O quienes sufren de adicciones y carecen de la posibilidad de un tratamiento que los salve de morir en vida.
El término “seguridad nacional” se aplica ahora a obras que han sido cuestionadas, pero que, a capricho caótico, ahí están sin avanzar.
El tiempo pone todo en su lugar. Más si se trata de un alcalde, un gobernador o un presidente de la república.
Al margen de los alcances partidistas que genera el peso del poder, el tiempo pone a todos en su lugar.
Y los pone bajo la certeza de esta enorme e inteligente analogía: Ejercen el poder como una borrachera que, mal entendida, al día siguiente provoca una cruda de por vida con dolor de cabeza y vómito permanente, dolores en todo el cuerpo, fatiga, debilidad, enemigos reales —los tratados mal e insultados por la valentía y la soberbia del borracho— y la soledad que emerge de ya no tener el poder y los cercanos que en realidad no lo eran. Vaya esa analogía tan real de lo viven. Tan real de lo que viven los políticos en el olvido.






