Agradecida con el calor que me abraza en una nueva ciudad, no puedo evitar ponerme nostálgica al voltear atrás y recordar esa parte de mi identidad que jamás me abandonará, nací en la colonia agrícola de San Pedro, que se fundó en 1870 pero que dos años después se inundó; por lo que se vieron en la necesidad de trasladarla a otro punto y crear una segunda colonia, de ahí el nombre de San Pedro de las Colonias. 

A pesar de que solo pude disfrutar 15 años de su clima seco y temperatura calurosa, guardo en mi memoria su paisaje semi-desértico, con sus álamos, sabinos, pinabetes, cañas, carrizos, y por supuesto sus campos de algodón.

 Los jesuitas describían en 1596 a los irritilas o indios de la laguna –etnia casi extinta de Coahuila y de Durango– como medio peces y medio hombres ya que se sumergían durante mucho tiempo en la laguna de mayrán para cazar, aunque de esa bendita agua ya no podemos gozar, ya nada puede quitarnos la palabra laguneros que nace de estar rodeados de lagunas y que nos da identidad.

San Pedro cumple 100 años de su elevación de villa a ciudad, y si algo ha permanecido en el carácter de los sampetrinos es la sed de progreso, de justicia.

Mucho se ha discutido sobre qué ciudad o pueblo es la cuna verdadera de la Revolución Mexicana, pero sólo el municipio de San Pedro de las Colonias, puede presumir de ser señalada por Francisco I. Madero como el lugar donde inició su movimiento político, Madero vivió en San Pedro de las Colonias los años más fructíferos de su vida, para ser precisos 16, aquí funda los primeros clubes, patrocina periódicos como El Demócrata. 

Aquí tiene a sus primeros seguidores y desde este pueblo lanza la convocatoria para crear a nivel nacional una movilización antirreeleccionista. Además aquí concibe, redacta, edita y publica su libro La Sucesión Presidencial, el cual fue uno de los principales detonantes de la Revolución Mexicana.

Esto forma parte de nuestros primeros 100 años de historia como ciudad, pero San Pedro tiene aún más, tiene un pueblo con la gente más cálida y amable que he conocido, esa que te invita un taco aunque no te conozca, que te abre las puertas de su casa como si fueras uno más de la familia, hombres y mujeres que no se cansan con cualquier cosa porque han pasado largas jornadas en la pizca de algodón, y son la descripción perfecta de como se gana un peso con el sudor de la frente. 

Y aunque es hermoso hablar de todo ello, y lo orgullosa que me hace sentir haber nacido en este terruño, también acepto la realidad esa que me lleva aceptar que tal vez no regresaré, pero que como cada sampetrino en algún lugar del mundo no se olvida del pueblo que lo vio nacer.

Deseo que vengan mejores años y que como hace más de 100, experimenten el sentimiento de Madero que a continuación comparto, es un discurso publicado en el periódico Nueva Era, año I, número 86, el martes 24 de octubre de 1911, páginas uno y dos, el cual comienza:

«Conciudadanos:
Aquí en este pueblo de San Pedro, en medio de vosotros he pasado los mejores años de mi vida, aquí al lado vuestro en donde he sentido esa sed de libertad, ese anhelo por conquistar los derechos del hombre y los derechos del ciudadano y luchando a vuestro lado, es como me he convencido de que estos ideales eran realizables».