En tiempos donde la política parece competir por volumen y no por sentido, vale la pena detenernos a reflexionar: la política no necesita más ruido, necesita más intención. Intención para escuchar, para resolver y para poner a las personas en el centro de cada decisión pública.
Vivimos una etapa en la que las declaraciones estridentes, los debates vacíos y la polarización constante ocupan más espacio que las soluciones reales. Se habla mucho, se promete más y se
cumple poco. En medio de ese ruido, la ciudadanía —con justa razón— se cansa, se aleja y desconfía.
Y cuando la política pierde la confianza de la gente, pierde también su razón de ser.
La intención, en cambio, es silenciosa pero poderosa. Se manifiesta en políticas públicas bien pensadas, en presupuestos responsables y en decisiones que, aunque no siempre sean populares, buscan el bienestar colectivo a largo plazo. Gobernar con intención implica preguntarse antes de actuar: ¿esto realmente mejora la vida de las personas? ¿responde a una necesidad real o solo a una agenda momentánea?
La política con intención no se mide por aplausos inmediatos, sino por resultados sostenibles. No se trata de imponer ideas, sino de construir acuerdos. No se trata de protagonismos, sino de servicio. Cuando hay intención genuina, el diálogo sustituye al enfrentamiento y la colaboración desplaza a
la confrontación. Como representantes públicos, tenemos la responsabilidad de bajar el volumen del ruido y subir el
nivel del compromiso. De demostrar con hechos —no solo con palabras— que la política puede ser una herramienta de transformación positiva. Escuchar más, explicar mejor y actuar con coherencia.
La ciudadanía no espera discursos perfectos, espera congruencia. No exige unanimidad, exige honestidad. Y, sobre todo, espera que quienes tomamos decisiones lo hagamos con una intención clara: trabajar por el bien común.
Hoy más que nunca, apostemos por una política que no grite, sino que construya. Una política que no divida, sino que una. Porque al final, el verdadero cambio no nace del ruido, nace de la intención
Amal Lizette Esper Serur
XIV Regidora del Ayuntamiento de Saltillo






