Sucedió en Chicago, Illinois, allá en los Estados Unidos. Por lo menos dos mil niños fueron abusados sexualmente por 451 sacerdotes desde 1950 hasta la fecha.
La investigación de la Fiscalía General de ese estado contrasta con el reporte de la propia iglesia católica de 103 niños abusados desde el 2018.
Los líderes religiosos se hicieron mensos y, conforme avanzaba la investigación oficial, más y más casos se sumaron de adultos que, de niños, fueron abusados sexualmente en el nombre de Dios.
Cada historia desgarradora refleja el principal motivo de la debacle de la iglesia católica, sin hacer a un lado a las otras religiones donde también se dan casos de abuso sexual en niños y en niñas.
Por más que el papa Francisco quiere poner orden con la aplicación de la justicia terrenal, buena parte de los jerarcas católicos -con diversos tipos de disfunción sexual- asumen acciones para esconder el mugrero.
Aquí lo hizo el obispo ahora emérito y ausente Raúl Vera, cuando siete sacerdotes fueron acusados de abuso sexual en distintos colegios de Saltillo.
Obstaculizó la investigación al interior y los mandó al centro de arrepentimiento, a todo lujo, en Arteaga y luego, ya dados de alta por ellos mismos, salieron para seguir su carrera delictiva impune y ahorita están en otras iglesias del país.
Marcial Maciel es la imagen y semejanza de la corrupción sexual en la iglesia católica y nada los detiene.
Aguas cuando vaya a misa que muchos -no todos- usan las palabras de Dios para cometer sus fechorías.






