En un país donde 74% de la población adulta considera inseguro vivir en su entidad, Coahuila acaba de conseguir algo que merece mucho más que una felicitación protocolaria. La ENVIPE 2026 del INEGI coloca al estado con la menor percepción de inseguridad de México: apenas 27.8%. Dicho de otra manera, alrededor de siete de cada diez coahuilenses se sienten seguros donde viven. El contraste nacional es enorme. Mientras en el Estado de México 90% de la población se siente insegura, en Morelos 88.7% y en Tabasco 87.6%, Coahuila encabeza el extremo opuesto.

Y no se trata solamente de una buena cifra estatal. Las principales ciudades de Coahuila confirman la tendencia. La ENSU correspondiente al segundo trimestre de 2026 ubicó a Piedras Negras con apenas 13.9% de percepción de inseguridad, Saltillo con 16.9% y Torreón con 22.5%. Las tres aparecen entre las ciudades mejor evaluadas del país. La zona metropolitana de La Laguna, incluyendo municipios de Coahuila y Durango, registró 28.1%. Para ponerlo en perspectiva: el promedio urbano nacional fue de 59.8%.

Esto permite hacer una comparación incómoda con el discurso nacional. Desde Palacio Nacional se presume constantemente una reducción extraordinaria de los homicidios dolosos. Ojalá esa disminución sea sostenible y se traduzca en vidas salvadas. Pero existe una pregunta elemental: si la estrategia federal funciona tan espectacularmente como nos cuentan todas las mañanas, ¿por qué tres de cada cuatro mexicanos todavía sienten inseguridad en su estado? La seguridad no solamente se contabiliza en gráficas; se experimenta cuando una familia sale a cenar, cuando alguien camina por su colonia o cuando unos padres permiten que sus hijos salgan sin miedo. La propia ENVIPE muestra que la inseguridad sigue siendo considerada el principal problema del país por 60.7% de los mexicanos.

Hay además un dato curioso. Durante años Yucatán fue prácticamente sinónimo de seguridad y ocupó los primeros lugares nacionales durante administraciones panistas. Hoy, ya bajo un gobierno de Morena, fue desplazado por Coahuila: su percepción de inseguridad alcanza 35.5%, contra 27.8% de nuestro estado. ¿Tiene Morena la culpa? Sería irresponsable afirmarlo a partir de una sola medición. Puede ser coincidencia. Pero después de tantos años escuchando al oficialismo atribuirse cualquier dato favorable, tampoco estará de más observar con atención qué ocurre ahora que gobiernan una entidad que durante mucho tiempo fue ejemplo nacional.

Lo verdaderamente importante, sin embargo, está en Coahuila. Este resultado no nació ayer ni pertenece exclusivamente a un gobierno. Hace alrededor de década y media nuestra realidad era completamente distinta. Recuperar la seguridad exigió continuidad, coordinación entre niveles de gobierno, fortalecimiento institucional, inversión, participación empresarial y, muy especialmente, una sociedad civil que decidió involucrarse. El Consejo Cívico de las Instituciones Laguna ha subrayado precisamente que el modelo ha mantenido capacidades institucionales sólidas y un blindaje territorial incluso frente al asedio permanente de grupos criminales.

Llegar al primer lugar nacional debe producir orgullo, pero nunca complacencia. Coahuila todavía tiene problemas: casi 40% de la población se siente insegura utilizando cajeros en la vía pública y cerca de 38% al viajar por carretera. La seguridad no es un trofeo que se coloca en una vitrina. Es una construcción cotidiana que puede perderse mucho más rápido de lo que costó conseguirla.

Pero justamente por eso vale la pena reconocer este logro. Coahuila demuestra que la inseguridad no es una fatalidad mexicana. Con estrategia, instituciones, coordinación y participación ciudadana se puede transformar una realidad que alguna vez parecía imposible cambiar.