Entre 1986 y 1987 un fenómeno televisivo llegaba a las casas de mexicanos; Cuna de Lobos fue una telenovela de trascendencia mundial que traspasó la ficción para convertirse en tema del día a día. No tuvo horario estelar, porque no se pretendía mucho con la producción, pero el resultado rebasó las expectativas en México y en toda América.
Todo esto que le cuento se queda corto para la novela que hemos visto durante meses en Coahuila; los protagonistas son Armando Guadiana y Ricardo Mejía Berdeja, que durante meses nos han entretenido con los dimes y diretes que se lanzan, y es que el Ingeniero en repetidas ocasiones ha dado la oferta para que el “tigre” decline en su favor, mientras que el lagunero-acapulqueño se mantiene en su postura.
Tanta es la necesidad de una eventual coalición de facto que ya vinieron tres de las corcholatas presidenciables a dejar en claro quién es el bueno; mandó sendos mensajes a Mejía, que de traidor no lo bajaron.
Pero por si esto fuera poco, ayer, en la máxima tribuna que hay en este país, en la mañanera, el presidente AMLO, sí, ese que alguna vez fue su jefe, le dijo que no lo representaba y que era un deshonesto, así o más directo, solo le falto decirle “ya siéntese señor”.
Pero claro que Mejía respondió, solo que esta vez, bajito, bajito y con otro tonito, diciéndole que para él toda su admiración y respeto… ¿No que no?
Ahora vamos a esperar si con ese zape presidencial Mejía cambia de postura o se mantiene.
Ya veremos, por qué en política nada está escrito.






