Hace 15 años una cinta mexicana llegó a las salas de cine y poco a poco supo colocarse como una cinta de culto. Las referencias a Tarantino y Scorsese saltaban de un lado al otro, el guion era original y se atrevía a presentar una historia diferente a lo que el cine hecho en México se atrevía. Tenía acción, comedia negra y personajes reconocibles que resultaron entrañables casi de inmediato. La historia se aderezaba más cuando nos enteramos que se trataba de la ópera prima del director Alejandro “Patas” Lozano, y que el guion era escrito por un par de jóvenes, Krsitoff Raczynski y Tony Dalton, que venían de hacer en televisión la versión mexicana de Jackass, llamada No Te Equivoques. 

La película no era perfecta, pero ofreció una bocanada de aire fresco en lo que en aquel entonces era un cine burdo y aburrido, inmediatamente entró en el gusto del público y marcó un hito en la historia del cine. La película se llamaba Matando Cabos y a pesar del recibimiento, no obtuvo el reconocimiento de la esfera del mundo del celuloide; pero se convirtió en la película mexicana de culto por excelencia.

En lo personal, yo crecí con Matando Cabos, me enseñó un cine diferente y me presentó un sin fin de directores que cambiaron mi manera de ver y entender el cine. No era la mejor cinta del mundo, pero si dos jóvenes de 20 años podían escribir y realizar ese producto, yo, algún día, podría hacerlo también. 

Podría pasarme párrafos enteros hablando de esta cinta; desde la escena del choque en el Estadio Azteca, donde estuvo involucrado el coordinador de stunts de Matrix, hasta las referencias de las cintas After Hours o Swordfish, edificando una historia redonda en tan solo una noche. Pero no, lamentablemente este texto se trata de la desafortunada secuela que el productor de Lemon Films, Billy Rozcar, y Alejandro Lozano nos presentaron este 2021.

¿Por dónde comenzar? Es complicado empezar a desmenuzar el desastre. La secuela de Matando Cabos tiene más de 6 años planeándose. Muchos guiones y muchos argumentos pasaron por escritores protagonistas, directores y productores. En algunos de ellos se contemplaba tener a todos los personajes de vuelta, mantener la historia y que los escritores volvieran a trabajar en el guion que crearon; en otros se planteaban cosas ridículas y sin sentido, alejándose de la historia original. Después de ver la cinta, que por lo terrible que resulta ni siquiera llegó a las salas, podemos ver que opción ganó ganó. 

Para empezar, Matando Cabos 2 ni siquiera debería llevar ese nombre, tan es así que los mismos productores lo saben y tuvieron que colocarle es subtítulo de La Máscara del Máscara. Es evidente que quisieron apostar a la nostalgia para conseguir que los amantes de la primera cinta vuelvan a visitar la segunda, pero con ver los primeros minutos de la secuela entendemos que estamos a años luz de su predecesora.

Los personajes principales no regresan, no tenemos al Mudo o a Jaque, solo tomaron algunos personajes secundarios, les dieron una revolcada y los presentaron en una historia nueva que no respeta en absoluto el planteamiento de Matando Cabos. En esta ocasión tenemos a Rubén, aunque aquí le dicen Mascarita a diestra y siniestra sin respetar lo planteado en la primera cinta cuando, al mencionar su apodo, Rubén perdía el control. Mascarita tiene una misión, recuperar la máscara que le roban a su padre después de su muerte. Su padre era el Máscara, un luchador famoso que heredó el manto a su hijo. 

Desde el planteamiento la historia está mal, trata de recrear algunas escenas y maneras de resolver la historia de la misma forma que la cita del 2004, pero en esta ocasión es burdo, sin sentido, aburrido y mal hecho. A momentos parece una parodia o algo hecho mal adrede, pero escudarse en el discurso de querer hacer una cinta serie b no es válido, ya que ni siquiera respeta un planteamiento de este tipo de cine y solo lleva al absurdo las situaciones sin ningún motivo o sentido. Lo fuerza tanto y de tal manera que ni siquiera se entiende lo que está pasando. 

Resulta sorprendente que acortes de la talla de Joaquín Cosío o Ana Claudia Talancón como se prestaron a hacer la cinta. A pesar de tener un presupuesto sumamente mayor que la precuela, los efectos especiales, la continuidad, la iluminación y la fotografía son malas. Mientras en Matando Cabos teníamos pocos escenarios, pero bien orquestados, aquí deciden mostrarnos que tienen presupuesto para rentar un camión, cerrar el centro histórico de la CDMX o recrear escenas con cientos de extras, pero que a pesar de ello deciden deliberadamente hacerlo lo peor que puedan. 

Los errores de continuidad y los clichés simples no generar una conexión. En realidad, resulta en un producto bastante complicado de ver, pero no por las razones correctas, sino porque es por demás absurda e incoherente. La musicalización no solo no es acorde, también es frustrante. 

Las actuaciones son forzadas y la ejecución de la puesta en escena parece amateur, caricaturizada y simplona. La nostalgia funciona, pero se desdibuja muy rápidamente cuando todo lo que construyeron en el lejano 2004 es tirado a la basura por el afán de querer ganar dinero con una película sin pies ni cabeza.

Tratar de mencionar algo positivo es difícil. Los personajes que amábamos ahora son una parodia que casi nada tienen que ver con lo que conocíamos. El audio es respetable y los créditos de inicio no son malos. Tal vez como una película alejada de la precuela o completamente independiente pueda funcionar, pero solo por la anécdota, solo por el chiste barato, no como un producto resaltable. 

Existen secuelas malas, la típica frase de que las segundas partes nunca fueron buenas muchas veces es una profecía cumplida, pero está cinta representa el epítome de todo lo que no debe hacerse con una secuela.

Lo mejor que podemos hacer con esta película es ignorarla, pero será difícil al tener un grupo de seguidores de la primera que le darán una oportunidad. Lo peor de todo es que tanto el director como lo productores lo saben y saben que funciona. Lemon Films ya ha entregado secuelas con esta misma fórmula y siempre logran llevar un poco de agua a su molino, caso de Kilómetro 31 2. Al menos esta vez tuvieron que vender la cinta a una plataforma, ya que ninguna sala de cine quiso arriesgarse a mostrarla en sus pantallas. 

Parte de mi trabajo se basa en recomendar cintas, muchas veces me gusta cerrar con alguna reflexión sobre alguna manera en la que, tal vez, si eres de algún sector o te gusta mucho un tipo de cine o disfrutas ciertas referencias, te podría gustar la película sobre la que estamos hablando, pero en esta ocasión es imposible. 

Simplemente Matando Cabos 2 es una película que no debería existir, ni debería ser apoyada por ningún fomento económico y no debería ser vista. Estoy seguro que producciones como Noche de Fuego o Sin Señas Particulares tienen muchos más méritos para pagar un boleto, verlas y recomendarlas. 

Calificación 2.5