El “Debut” de Björk llegó al mundo en julio de 1997 y revolucionó la música pop con una fusión de estilos que van desde el house, jazz y trip hop hasta el techno, con una voz inconfundible, hermosa y potente.

Este trabajo recibió aclamación de los críticos en el Reino Unido, que elogiaron la voz de la cantante islandesa y la mezcla musical tan audaz. Sin embargo, en Estados Unidos las opiniones fueron divididas, pues un sector de la crítica se quejó de la falta de rock, pues la carrera de Björk había despegado con bandas punk y rock alternativo, como The Sugarcubes.

Por ejemplo, el crítico Tom Graves publicó en la prestigiosa revista Rolling Stone que “Debut” fue un álbum “decepcionante” y “dolorosamente ecléctico.

Pero tres décadas más tarde, el primer disco en estudio de solista de la islandesa refrendó su lugar en la historia musical, como un pop artístico y experimental que rompió barreras musicales y desafió las convenciones de su momento.

La voz distintiva y emocional de Björk cantando sobre temas relacionados con el amor, incluyendo el amor a la vida, mezclada con música electrónica, orquestación de jazz y sonidos tan diversos, cautivaron al público de finales de los 90.

A lo largo de sus 12 canciones, “Debut” lleva a los oyentes en un viaje musical en constante evolución. Desde el encantador y bailable “Human Behaviour” hasta la íntima y emotiva “Play Dead”.

Björk logró representar un soplo de aire fresco en la música pop de su momento. En un panorama dominado por géneros como el grunge y la música rock, la propuesta vanguardista y experimental de Björk dejó una huella indeleble en la industria musical.