Estados Unidos.- El mundo observa con atención la Casa Blanca mientras el presidente Donald Trump sopesa una decisión histórica: abrir la vía de la diplomacia o iniciar una ofensiva militar contra Irán, la cual podría ejecutarse tan pronto como este fin de semana. Tras semanas de una movilización masiva de activos navales y aéreos, el Pentágono ha confirmado que la opción bélica está «totalmente operativa» sobre la mesa del mandatario.

A diferencia de la incursión de 12 días realizada hace ocho meses, el actual despliegue estadounidense busca no solo atacar, sino blindar a sus aliados y tropas ante una respuesta feroz de Teherán. Los componentes clave de esta movilización incluyen:

  • Poderío Naval: El portaaviones USS Gerald R. Ford se dirige a toda velocidad hacia el Mediterráneo para unirse al USS Abraham Lincoln. El Ford, que recientemente operó cerca de las costas de Venezuela, tiene la misión de proteger ciudades israelíes como Tel Aviv mediante sus sistemas de defensa avanzada.
  • Dominio Aéreo: Decenas de aviones de combate de quinta generación (F-35, F-22 y F-16) han llegado a bases en Europa y Medio Oriente. Además, los bombarderos furtivos B-2, con base en EE. UU., se encuentran en estado de alerta máxima.
  • Escudo Antimisiles: Para mitigar las represalias, el Pentágono ha instalado sistemas Patriot y el avanzado THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), capaces de interceptar misiles balísticos iraníes antes de que impacten en objetivos estadounidenses o aliados.

Mientras el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, presiona por una acción que debilite la capacidad de misiles de Irán, la Casa Blanca mantiene un discurso dual. Karoline Leavitt, secretaria de prensa, aseguró que «la diplomacia es siempre la primera opción», pero advirtió que Irán debe ceder en su programa nuclear y de enriquecimiento de uranio de inmediato.

Irán, por su parte, solicitó en Ginebra un margen de dos semanas para presentar propuestas concretas, una tregua que muchos funcionarios en Washington ven con escepticismo, calificándola como una táctica para ganar tiempo y preparar defensas.

Expertos como Vali Nasr, de la Universidad Johns Hopkins, advierten que el costo de un ataque podría ser una guerra regional prolongada. Aunque el ejército estadounidense asegura poder defender sus activos en una campaña breve, la duda persiste sobre si están preparados para un conflicto de largo aliento.