El próximo 7 de junio, Coahuila elegirá a quienes integrarán su Congreso local. No es una elección menor: es la oportunidad de decidir qué tipo de representación queremos y qué tan cerca estarán nuestras instituciones de la gente.

Un Congreso eficaz no se define por la cantidad de leyes que aprueba. Se define por su capacidad de representar genuinamente al pueblo. Es un espacio que escucha, comprende y actúa en función de las necesidades reales de la gente. Ahí se deliberan y deciden los asuntos que impactan nuestra vida diaria: la calidad de la educación de nuestras niñas y niños, la seguridad en nuestras comunidades y la correcta asignación de los recursos públicos. Por ello, cada diputada y diputado tiene la responsabilidad no solo de legislar, sino de traducir las demandas sociales en soluciones concretas y tangibles.

Cuando el Congreso funciona con sensibilidad social, los resultados se sienten: mejores condiciones para las escuelas, mayor apoyo a las familias, políticas públicas que no se quedan en el papel. Pero cuando se aleja de la ciudadanía, las decisiones pierden rumbo y las oportunidades se diluyen.

Por eso, estas elecciones exigen algo más que participación: exigen conciencia. Informarnos sobre quiénes aspiran a representarnos, evaluar sus propuestas y trayectorias, y decidir con responsabilidad es parte esencial de una democracia que funcione.

Coahuila tiene retos importantes, pero también un enorme potencial. Un Congreso comprometido puede ser el motor que impulse soluciones reales y eleve el bienestar de todas y todos.

Este 7 de junio, votar no es solo un derecho: es una herramienta para construir el estado que queremos.