Aristóteles dijo que la política existe por naturaleza; por lo que el hombre es, por naturaleza, un animal político. Tiempo después, Carol Hanisch, feminista estadounidense de mediados de los setenta, agregó que lo personal es político, refiriéndose a que las experiencias y vivencias privadas repercuten en la sociedad y sus estructuras. Si tomamos en cuenta ambos postulados y los colocamos en nuestros tiempos, entendemos la delgada línea que existe entre alguna obra artística y las personas que están detrás de ella, confirmando la tesis que sostiene que no es posible separar al arte del artista.

Así llegamos a “Sound Of Freedom”, una cinta que ha generado mucho ruido a su alrededor por distintas aristas debido a que aborda el tema de la trata de niños y la explotación infantil contándonos una historia real, pero todo enmarcado y respaldado por una de las figuras más polémicas de la vida pública en México, Eduardo Verástegui, quien se identifica como un político ultraconservador y de derecha que ha dejado clara su postura en contra del aborto, el matrimonio igualitario y la comunidad LGBT.

Hablar de esta producción y separar quien la financia sería tomar el camino fácil, sobre todo porque al desglosar la cinta, encontramos que se centran en hechos reales que lamentablemente suceden en nuestro mundo, pero tampoco hay una gran profundidad en el argumento y el discurso del héroe norteamericano se siente desde el segundo uno de la producción, aunque edifica de manera correcta un thriller un tanto atrapante.

La realidad es que, al igual que como cuando vimos “Ámsterdam” el año pasado y no pudimos ignorar que el director David O. Russell, acusado de abuso sexual, se encontraba detrás del proyecto, es imposible pasar por alto los dichos y señalamientos de Verástegui en contra de la comunidad LGBT, donde ha declarado que ser homosexual es igual a ser pedófilo. Tampoco podemos dejar de lado sus vínculos con Donald Trump, quien tenía una relación cercana con Jeffrey Epstein, o ignorar que uno de los cientos de financiadores de esta cinta fue acusado de trata de menores.

Dicho esto, y haciendo un esfuerzo objetivo para desglosar la cinta, el guion nos cuenta un fragmento de la vida de Tim Ballard, un agente especial de Seguridad Norteamericana que se dedica a capturar pedófilos y decide ayudar a Roberto, un padre de familia al que le fueron robados sus hijos por una red de trata infantil en Honduras. Ballard hará todo lo posible para dar con el paradero de los pequeños, mientras rescata a decenas de menores de edad en el camino y pone en riesgo su vida para lograr su cometido.

Si bien el séptimo arte sirve también como un modo de protesta y denuncia, como lo hemos visto en cintas como “Ruido”, “Serpico”, “La Noche de los Lápices” u “Oloture”, “Sound Of Freedom” busca alzar la voz ante la trata infantil, pero cae en los clichés típicos de una cinta hollywoodense, con una estructura que nos hace sentarnos al lado de los personajes y dimensionarlos, pero apuesta al sentimiento fácil (y completamente entendible) que genera esta temática y no profundiza tanto en la forma para que el guion tenga la tensión y distensión que nos atrape de principio a fin y queramos pasar por alto los clichés y caricaturizaciones del género.

La trama se empecina en mostrarnos a Tim Ballad, interpretado de manera aceptable por Jim Caviezel, como un héroe de acción norteamericano con una familia tradicional y con valores cristianos inamovibles. Esto no es un error per se, el problema es que, a diferencia de cintas como «You Were Never Really Here», aquí la única dimensión que vemos de nuestro personaje principal es su lucha por liberar a los niños, dejando de lado cualquier matiz, problema, arco o desarrollo que nos haga entrar en la convención de la película.

En parte es completamente entendible que la cinta se centre en el tema de la trata de menores y deje de lado absolutamente todo lo demás, lo cual no quiere decir que la cinta tenga mucho fondo y poca forma, sino que la forma y el fondo se tratan de sostener de un solo hilo conductor, lo cual resulta aún más evidente cuando los personajes secundarios y los antagonistas entran y salen de la historia sin mucho sentido, cuestión que si solo vas a ver la cinta por el tema central, seguramente vas a pasar por alto.

Las actuaciones de Jim Caviezel, Eduardo Verástegui, Gerardo Taracena y Gustavo Sánchez Parra muestran un esfuerzo aceptable, aunque parece que la instrucción fue interpretar en una sola dirección, cuestión que es más evidente durante el primer acto de la cinta, cuando nuestro protagonista se hace pasar por un pedófilo para obtener información de una fuente, pero es exactamente la misma persona, con la misma forma y con la misma mirada “retadora” durante ese pequeño arco. Aunado a ello, y llevando el texto de la cinta a un segundo plano, los actores elegidos parecen erigir de manera intencional el estereotipo de salvador blanco, el cual parece que ya habíamos dejado atrás hace años, lo que genera un mar de dudas en la manera en la que está construida la historia y lo que en realidad pretende hacer.

La dirección de Alejandro Gómez Monteverde, quien ya ha trabajado con Eduardo Verástegui en cintas como “El Gran Pequeño” o “Bella”, no ofrece nada nuevo en el montaje ni en los movimientos de cámara. Aunque siendo justos, es una producción normal con valores de la media y tampoco se nota que hayan tomado algún tipo de riesgo para contar la trama, y es justo ahí donde radica uno de los más grandes problemas de la cinta; como estudiante de cine y de comunicación, los maestros siempre repiten una máxima básica al crear un producto audiovisual: “no me lo digas, enséñamelo”, lamentablemente Sound Of Freedom se enfrasca demasiado en las palabras con diálogos innecesarios y cansa al espectador con un argumento que a momentos parece un regaño, en lugar de tomar la cámara y usar el lente para contar una historia.

La mezcla de sonido, aunque apoyada en algunas canciones populares en América Latina, tiende a ser un tanto plana en su banda sonora y acompaña los momentos tensos con un mismo sonido durante casi dos horas de cinta, lo que definitivamente no ayuda en nada a generar una convención.

Eduardo Verástegui y su productora Ángel se han encargado de vender esta cinta como “la película que Hollywood y las élites no quiere que veas”, el problema es que al usar dicho argumento despierta algunas dudas ¿Por qué no abordar el caso Epstein? (Caso que muy seguramente sí molestaría a Hollywood y al parecer al mismo productor de esta cinta) ¿Por qué no darles valor a todas las cintas que antes de esta ya han hablado del tema? ¿Por qué no sacar este producto gratis si lo único que se quería era denunciar?

Si algo podemos reconocerle a «Sound Of Freedom» es que con un presupuesto muy limitado ha logrado generar millones en taquilla, lo cual parece un tanto contradictorio, ya que hay decenas de plataformas, algunas gratuitas, en las que pudieron haber colgado esta cinta para que llegara a todo el mundo, pero eso simplemente no sería un jugoso negocio para todos los que están detrás de la cinta.

Películas como «La Mala Educación», «Oloture», «Los Demonios del Edén» o «La Vida Precoz y Breve de Sabina Rivas» son un ejemplo mucho mejor edificado de denuncia ante la trata o el abuso de personas, sobre todo porque en ningún momento intentan aleccionar o apostar a la lágrima fácil, de hecho algunos finales de esas cintas son simplemente desgarradores y reales, además de que detrás de ellas no hay personas sumamente polémicas que parece que buscan implementar sus ideologías y señalar a todos aquellos que no piensen como ellos como sus enemigos.

Al final, “Sounf Of Freedom” no es una mala cinta, los valores de producción son aceptables, las actuaciones son pasables y el guion sabe mantener un viaje del héroe de principio a fin, pero volviendo al principio de esta reseña y tomando el ejemplo de “Ámsterdam” (con toda proporción guardada entre las polémicas que enfrentan ambas producciones), ¿es suficiente para ignorar a la persona que está detrás de ella? Eso dependerá de cada persona que vea la película. 

Si en verdad estamos preocupados por un tema tan delicado como este tal vez sea momento de pensar que estamos haciendo para combatirlo, porque sentarnos en una sala de cine y despotricar en contra de aquellos que no les gustó la cinta, no creo que ayude mucho.

Calificación: 7.0