Ciudad de México.- En el corazón del Centro Histórico de Quito, la necesidad económica lleva a Daniel Lituma, dueño de una panadería, a enfrentar el miedo constante. La ciudad, custodiada por militares fuertemente armados, se sumerge en la incertidumbre mientras Lituma, de 30 años, relata cómo tuvo que correr desesperado para reunirse con su familia ante el alerta de saqueos. A pesar del temor, la urgencia económica lo obliga a trabajar en medio de una ciudad desolada, donde la idea de un nuevo ataque mantiene la inquietud constante.
Rocío Guzmán, comerciante de 54 años, revive el terror de una balacera cercana a su negocio en el centro de Quito. Mientras coloca mascarillas y revistas en las puertas de su kiosco por temor a los robos, describe cómo la ciudad se vacía de vida, con locales cerrados y calles desiertas. El miedo palpable se apodera de los transeúntes, que caminan a paso rápido y hablan en voz baja. Ecuador se enfrenta a una crisis de violencia, con ataques, explosiones, saqueos y tiroteos que han sumido a la población en un estado de pánico.
En Guayaquil, otra ciudad afectada por la violencia, hoteles, oficinas y comercios cierran sus puertas. La reciente ola de violencia desatada por la fuga de Adolfo Macías, alias «Fito», líder de Los Choneros, la principal banda criminal del país, ha dejado un rastro de caos. Explosiones, motines carcelarios, secuestro de policías y retención de funcionarios penitenciarios han cobrado la vida de 14 personas. A pesar de la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles, el temor persiste entre la población, y algunos negocios abren con zozobra mientras la ciudad enfrenta un conflicto armado interno declarado por el presidente Daniel Noboa.
Santiago Enríquez, taxista de 30 años, encuentra cierto alivio en la presencia de las Fuerzas Armadas. Mientras alerta a sus colegas por radio, destaca la importancia de una acción más enérgica para restaurar la seguridad en la ciudad. Aunque sus hijos están resguardados en casa, recuerda la sensación de peligro y nerviosismo mientras trabajaba en Quito. La población ecuatoriana espera con ansias que las medidas tomadas por el gobierno logren frenar la escalada de violencia y devolver la tranquilidad a sus vidas.







