Los virus, las bacterias y otros microorganismos forman parte de la naturaleza, incluso de nuestro cuerpo. Sin ir más lejos, ahí tenemos al microbioma humano, que es como se denomina al conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, formando distintos ecosistemas que cumplen funciones vitales para nuestro correcto desarrollo y bienestar.

Además, constantemente entramos en contacto con virus y bacterias que no son habituales de nuestro cuerpo. En ocasiones pueden colonizar u ocupar un determinado ecosistema de manera temporal o definitiva sin causar daño alguno, mientras que otras provocan una enfermedad infecciosa. 

Tanto si estamos colonizados como infectados podemos contagiar a otras personas, da igual si hemos enfermado o si no (portadores asintomáticos). 

La enfermedad dependerá de muchos factores, pero fundamentalmente de la capacidad de nuestro sistema inmunitario para reconocer al agente extraño (virus, bacteria, etc) y luchar contra él. Esta capacidad es menor cuando el contacto se produce por primera vez. Sin embargo, cuando el sistema inmune ya conoce al “agresor”, su capacidad para combatirlo es mucho mayor.

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Precisamente de esto se encargan las vacunas: de mostrarnos al microorganismo o una parte de él de forma segura para aumentar nuestra capacidad inmunológica y evitar la enfermedad, Solo la inmunidad colectiva nos protege frente a la enfermedad y también frente al virus.