No tenemos noticias importantes de Bartolomé, de hecho, su nombre aparece siempre y sólo dentro de las listas de los Doce y, por tanto, no es el protagonista de ninguna narración. Tradicionalmente es identificado con Natanael: un nombre que significa «Dios ha dado». Este Natanael era originario de Caná (cf Juan 21,2) y, por tanto, es posible que haya sido testigo de algún gran «signo» realizado por Jesús en aquel lugar (cf Juan 2,1-11).

El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: «Jesús se encontró a Felipe y le Bartholome (y) dijo: «Sígueme». Felipe se encontró a Natanael y le dijo: «Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret». Natanael le respondió: » ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le dijo: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» Natanael le preguntó: «¿Desde cuándo me conoces?» Le respondió Jesús: «antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi». Le respondió Natanael: «Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre.» (Jn. 1,43).

Estatua de Bartolomé sosteniendo su piel

No tenemos noticias precisas sobre la posterior actividad apostólica de Bartolomé-Natanael. Según una información referida por el historiador Eusebio en el siglo IV, un cierto Panteno habría encontrado en la India los signos de la presencia de Bartolomé (cf. Historia Eclesiástica, V, 10,3), donde dejó una copia del Evangelio de Mateo en arameo. Según la tradición, expulsó a un demonio, denominado «Astaroth», de un templo donde éste vivía dentro de una estatua. San Bartolomé demostró la ineficacia de la estatua, que decía curar las enfermedades, expulsó al demonio y consagró el templo a Jesús. Como los sacerdotes de los templos paganos, que se estaban quedando sin clientela, protestaran ante Astiages, rey de Armenia, por la labor evangelizadora de Bartolomé, éste mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus ídolos. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera martirizado en su presencia hasta que renunciase a su Dios o muriese.

En la tradición posterior, a partir de la Edad Media, se impuso la narración de su muerte por despellejamiento, que se hizo después sumamente popular. Basta pensar en la famosísima escena del Juicio Universal de la Capilla Sixtina, en la que Miguel Ángel presentó a san Bartolomé teniendo en la mano izquierda su propia piel, en la que el artista dejó su autorretrato.

Las reliquias de San Bartolomé, según una tradición, fueron enterradas en la isla de Lipara y eventualmente fueron trasladadas a Benevento, Italia y después a Roma donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la «Isola San Bartolomeo» del río Tiber. Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canute entregó uno de sus brazos a Canterbury en el siglo XI.

En la iconografía se le representa con barba, un libro y un cuchillo (utilizado en su martirio).

San Bartolomé es patrón de los carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros, sastres, mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros. Se le invoca contra desórdenes nerviosos.

Juicio Universal de la Capilla Sixtina
Bartolomé